El Miércoles de ceniza marca el inicio de la santa Cuaresma, un tiempo de conversión y preparación para la celebración de los misterios pascuales. Este año, con motivo del Año Jubilar, los feligreses de las parroquias de las unidades pastorales de Tarragona Centre y de Tarragona Ponent celebraron el inicio de la Cuaresma juntos en una celebración que tuvo lugar en la Catedral de Tarragona, templo jubilar del arciprestazgo del Tarragonès.

Cientos de personas llenaron la Catedral en una celebración que debía presidir el arzobispo Joan Planellas pero que, por motivos de salud, finalmente presidió el vicario general de la archidiócesis, Mn. Santiago Soro. La eucaristía fue concelebrada por los canónigos y presbíteros de la ciudad, y contó con la participación de la Schola Cantorum de los Amics de la Catedral, que sostuvo los cantos de la celebración, y también con una amplia representación de las cofradías y asociaciones de Semana Santa tarraconenses, con sus respectivas banderas.

«La Cuaresma es un camino que nos hará acompañar a Jesús en su subida a la cruz, en su resurrección»

Mn. Soro pronunció la homilía que había preparado el Sr. Arzobispo, en la que hablaba de la Cuaresma como un camino «que nos hará acompañar a Jesús en su subida a la cruz, en su resurrección, hasta que envíe al Espíritu Santo prometido sobre la Iglesia y sobre cada uno de nosotros». Este camino —expresó— se inicia con la imposición de la ceniza, «que nos avisa de que somos polvo, caducos, y que para vivir con Cristo el gozo de su vida nueva, es necesario quemar algo, lo que haya de caduco y pecaminoso en nuestra vida».

La homilía también hizo referencia a la reflexión que el papa Francisco hace en su mensaje de Cuaresma en torno a lo que significa «caminar juntos en la esperanza». Por un lado, andar nos invita a «confrontarnos con la realidad concreta de algún migrante o peregrino, y dejar que nos interpele, para descubrir lo que Dios nos pide, para ser mejores caminantes hacia la casa del Padre». Este camino que hacemos juntos nos invita a pensar «si somos capaces de trabajar juntos como obispos, presbíteros, consagrados y laicos, al servicio del reino de Dios; si tenemos una actitud de acogida, con gestos concretos, hacia las personas que se acercan a nosotros y todos los que están lejos». Finalmente, este camino lo hacemos juntos en la esperanza, una llamada a la conversión «de la confianza en Dios y en su gran promesa, la vida eterna».

«La esperanza es “el ancla del alma”, segura y firme. En ella la Iglesia suplica para que «todos se salven» y espera llegar un día a la gloria del cielo unida a Cristo, su esposo», concluyó la homilía.

A continuación, Mn. Santiago Soro bendijo las cenizas que, posteriormente, fueron impuestas sobre toda la comunidad reunida en la Catedral, recordando que la Cuaresma es el momento propicio para convertirnos y creer en el Evangelio.

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