La Delegación diocesana para el clero ha querido sumarse a la celebración del Año Gaudí, en conmemoración del centenario de la muerte del venerable arquitecto, con una jornada de formación permanente dedicada a la figura de Antoni Gaudí.

En este sentido, este lunes día 18 de mayo un buen número de curas de la archidiócesis se encontraron en la iglesia prioral de Sant Pere Apòstol de Reus, templo donde fue bautizado Antoni Gaudí. La primera parte del encuentro contó con la conferencia «Gaudí y su propuesta espiritual a los presbíteros», que corrió a cargo del Dr. Armand Puig.

El Dr. Puig desglosó las tres secciones que tiene la sacristía de la Sagrada Familía: la inferior, donde se encuentran los títulos de la Nueva Jerusalén en relación con Dios; la segunda, con una cúpula que recuerda al Gólgota y que se representa la Sangre Preciosa de Jesús; y la tercera, donde se representa un vendimiador, signo del vino de la eucaristía, y el Cordero inmolado por nuestros pecados.

A partir de estos símbolos, el Dr. Armand Puig expuso que Gaudí piensa la sacristía a partir de lo que, para él, configura el presbítero: «El sentido cristológico, el sentido martirial y el sentido litúrgico, ya que el presbítero debe estar unido a Jesús en todo y por todo». Por eso, aseguró que el presbítero «es aquel que está llamado a seguir los pasos de Jesús, el primer mártir, y aquel que, cuando le sigue, encuentra la alegría del Reino».

Arzobispo Joan: «Somos constructores de comunidad y de comunión»

Al finalizar la conferencia tuvo lugar la celebración de la eucaristía, que fue presidida por el arzobispo Joan Planellas. Durante la homilía, el Sr. Arzobispo expuso que Antoni Gaudí «no sólo fue un genio de la arquitectura; fue un hombre profundamente arraigado en Dios, que comprendió que la belleza es camino hacia la verdad, y que la verdad tiene un rostro, que es Cristo».

Además, hizo referencia a que su gran obra, la Sagrada Familia, quedó inacabada en su vida, para señalar como «nuestra misma misión es una obra abierta, confiada a la fidelidad de Dios más que a nuestra eficacia». Así, recordó a los presbíteros que son «constructores de comunidad y de comunión» y que «solo podremos construir si dejamos que sea el Espíritu quien edifique en nosotros».

Por otra parte, coincidiendo con la celebración de la memoria de san Próspero, arzobispo de Tarragona que tuvo que huir a Italia durante la invasión de los sarracenos a inicios del siglo VIII, el arzobispo Joan invitó al clero diocesano «a vivir con espíritu pascual nuestro ministerio: con disponibilidad para irse, si es necesario; con fidelidad por permanecer, cuando toca; con humildad para reconocer que no somos nosotros los salvadores, y con esperanza firme en aquél que ha vencido al mundo».