La Delegación diocesana para la actividad misionera y la cooperación entre las Iglesias organizó, este sábado día 26 de octubre, la última actividad con motivo de la campaña del Domund: una jornada de formación misionera que tuvo lugar en el Centre Tarraconense El Seminari.

La ponencia de la jornada corrió a cargo de Mn. Joan Soler, presbítero diocesano de Girona que también ha sido misionero y es doctor en Misionología. Con el título «Repensar la misión en nuestras comunidades desde la espiritualidad misionera – Hagamos crecer la esperanza», Mn. Soler empezó la charla planteando dos definiciones de la misión. Por un lado, desde la perspectiva del teólogo, la misión es «la experiencia de un encuentro vivencial con Cristo resucitado que da sentido y plenitud a la vida ya la actividad misionera». Y, desde la perspectiva del misionero, «la misión es la de un enamorado de Dios que abraza donde pasa».

A partir de estos dos conceptos, Mn. Joan Soler habló del anuncio que debemos hacer desde nuestras parroquias para convertirse en verdaderas comunidades misioneras. Citando la exhortación del papa Francisco Evangelii gaudium, recordó que debemos predicar el evangelio a partir de una pastoral «que quiere hacer llegar a todo el mundo el mensaje más bonito, mayor, más atractivo y más necesario: “Que el Amor salvador de Dios se ha manifestado en Jesús muerte y resucitado”». Es un mensaje que debemos transmitir con alegría para que llegue a todo el mundo a través de la nueva evangelización y de la misión ad gentes e inter gentes.

Para recuperar la alegría en la evangelización, Mn. Soler planteó tres aspectos a tener en cuenta: «Mirar cómo lo hicieron los primeros discípulos y hacer lo mismo, no disminuir el anuncio de lo que predicamos y valorar la importancia de la experiencia personal con un anuncio creativo e innovador».

La misión inter gentes, un nuevo paradigma

Después de comentar algunos de los documentos más relevantes en el ámbito de la misionología, como Evangelii nuntiandi de Pablo VI, Redemptoris missio de Juan Pablo II o la misma Evangelii gaudium de Francisco, el ponente habló del nuevo concepto de la misión inter gentes, es decir, el anuncio y el testimonio que debe tener lugar en el seno de una sociedad.

En este contexto, apuntó que es necesario recuperar «la Iglesia peregrina, pobre y para los pobres para seguir siendo “sacramento universal de salvación”, que se sitúe en actitud de salida en el marco de este proceso sinodal para aprender a andar juntos». Por eso, Mn. Joan Soler destacó algunos puntos a potenciar: «La responsabilidad de los sacerdotes en la pastoral ordinaria, el ministerio del catequista, la acogida e integración de los inmigrantes católicos que llegan a nuestras comunidades, los centros de formación de la Iglesia o las delegaciones de misiones como espacios de formación estrictamente misionera». Y, complementándolos todos, el ministerio nuevo del animador misionero, «una vocación para desvelar en la comunidad la dimensión misionera, evitando las tentaciones de los evangelizadores y aceptando el desafío de una espiritualidad misionera».

Para lograr este objetivo, pues, de una Iglesia en salida, Mn. Soler destacó la importancia que tiene la espiritualidad misionera, cuya vocación nace con el bautismo, cuando todos los cristianos nos convertimos en discípulos misioneros. Esto implica también recuperar el concepto de la comunidad misionera, «con la sinodalidad como herramienta para la evangelización y la parresía vivida como un don del Espíritu Santo en su Iglesia que vive en comunión».

Por último, aseguró que esta espiritualidad misionera, que debe permitirnos realizar una buena misión según la orientación del Espíritu, «hay que encarnar en la realidad para evitar que se convierta en una teoría», dijo. La renovación de la Iglesia, concluyó, requiere «una verdadera espiritualidad misionera que nos ayude a ir más allá de nuestras fronteras, geográficas y existenciales, para reencontrarnos con una humanidad sedienta de Dios, que nos pide que dejemos de vivir desde la visión de una Iglesia en Occidente como una antigua mayoría deprimida, para pasar a una nueva minoría creativa».