A partir del siglo IV se documentan los ejemplos más antiguos de la representación de Cristo con el colegio apostólico. Son pinturas al fresco de las catacumbas romanas de Pedro y Marcelino y de Via Anapo. Cristo está sentado en cátedra en actitud de alocución rodeado de sus apóstoles. En la catacumba romana de san Hermas, otro fresco muestra a todos los apóstoles sentados en cátedra subrayando así la missio apostolorum (cf. Mc 6,7-13; Mt 10,1.5-15 y Lc 9,1-6). Y es que Cristo instituyó a los Doce para que fueran semilla de la Iglesia fundada por él. El número doce no es aleatorio. Tiene una profunda carga escatológica. Es símbolo de perfección de gobierno, de elección, de servicio, de potestad […]. Doce son los patriarcas, los hijos de Israel, las tribus o los jueces. Desde el respeto a la tradición hebrea, Jesús con la elección de los Doce fundamenta al Nuevo Israel sobre una Nueva Ley. También con un nuevo edificio universal que es templo del Espíritu y que permanece articulado sobre su gran piedra angular, que es Cristo, alzado sobre doce robustas columnas que son los apóstoles y edificado por piedras vivas que son todos los fieles. Apóstol significa ‘enviado’. Como Cristo ha sido enviado por el Padre, los apóstoles son enviados por Cristo a proclamar su resurrección, propagar la fe y la salvación en él. Y esta misión es hasta el fin de los tiempos (cf. Mt 28,20), por lo que la misión apostólica se perpetúa en sus sucesores, que son los obispos.

Una bella representación de los doce apóstoles en nuestra diócesis la encontramos en el imponente retablo del monasterio de Poblet, obra del escultor valenciano Damià Forment, uno de los primeros introductores de la escultura renacentista en España. Fue realizado entre 1527 y 1529 con alabastro de Sarral y Ollers bajo el gobierno del abad Pere Caixal. El ático del retablo está coronado por el Calvario. La Virgen María, a la que está dedicada la iglesia, preside el retablo en la hornacina central, flanqueada a izquierda y derecha, respectivamente, por tres santos y tres santas: san Guillermo, san Bernardo y san Malaquias; santa Columbina, santa Úrsula y santa Florentina. En la base se encuentran cinco escenas de la Pasión de Cristo: la oración en el Huerto, el arresto, Jesús azotado, el Ecce Homo y el Camino del Calvario. En la parte superior se representan los siete gozos de la Virgen: la Anunciación, el Nacimiento de Jesús, la Adoración de los Magos, la Resurrección, la Ascensión, Pentecostés y la Dormición de la Virgen. En el centro del piso superior, Cristo Salvador bendice al mundo. Es una imagen de gran naturalismo y actitud serena. A cada lado de Cristo se reagrupan seis apóstoles de dos en dos (cf. Mc 6,7). La factura de los grupos es de una gran calidad, propia de Forment. La identificación de los apóstoles no es segura. Cabe pensar que a consecuencia de la exclaustración y desamortización de 1835 se produjo el saqueo del monasterio. El retablo fue dañado y diferentes imágenes fueron destruidas o robadas. Se propone la siguiente identificación: [a la derecha de Cristo] san Pedro con san Juan, san Andrés con san Jaime, san Felipe con san Tomás; [a la izquierda de Cristo] san Pablo (en sustitución de san Jaime el Menor) y san Matías, san Bartolomé y san Mateo, san Simón y san Tadeo.

Andreu Muñoz Melgar, director del Museu Diocesà de Tarragona
Artículo publicado en el Full dominical del 14 de julio de 2024 (n. 3879)