El pasado 21 de julio, el monasterio de Santa Clara de Reus celebró la elección de su nueva abadesa, responsabilidad que recayó en la Hna. María Teresa Pujal Mata. Nacida en Centelles (Osona) estudió la carrera de Filología catalana y en 1987 entró en la comunidad de hermanas clarisas de Reus. Además, entre 2011 y 2021 fue la presidenta de la Federación de Clarisas de Catalunya, Castelló y Menorca.

Hoy, conversamos con ella para conocer cómo es el día a día en el monasterio y cuáles son las responsabilidades que asume con el nuevo encargo.

—¿Qué responsabilidades tiene la abadesa de un monasterio?

Más que de responsabilidades, prefiero hablar de la misión de la abadesa, más acorde con el pensar de santa Clara. El ideal de la abadesa es la hermana que, a pesar de presidir la comunidad, está a su servicio, vela por cada una de las hermanas, está atento a sus necesidades, cuida que no falte lo esencial para vivir la vida a la que hemos sido llamadas, tanto a nivel espiritual como material, se preocupa por la buena marcha de la comunidad… Pero esto no lo hace sola, sino con la colaboración, la ayuda, el consejo, la responsabilidad de cada una de ellas las hermanas porque, juntas, deben estar en continua búsqueda del bien común de la fraternidad y trabajar con corresponsabilidad.

—¿Cuál es el carisma y la espiritualidad de las monjas clarisas?

El carisma de las hermanas clarisas se fundamenta en cuatro aspectos prioritarios: la oración, tiempo dedicado a Dios, tanto a nivel personal como comunitario, para buscarlo, para abrirnos a Él; la pobreza, no apropiarnos de nada, vida austera y sencilla, poner todo lo que tenemos y estamos al servicio de los demás; la fraternidad, ser auténtica hermana de la otra, acogiendo, amando, aceptando, comprendiendo, perdonando, sirviendo…; y la misión, ser testigo, con nuestra vida sencilla, de forma que podamos llegar allá donde, físicamente, no podemos. Y todo esto, poniendo la mirada en Jesús, que es modelo de oración, es lo que se ha hecho pobre, es el hermano que nos muestra el rostro del Padre, es lo que ha venido a servir y darse hasta el extremo.

—¿Cómo es el día a día de la comunidad del monasterio de Santa Clara de Reus?

El día a día de la comunidad gira en torno a los momentos de oración personal y comunitaria, a través de la Liturgia de las Horas, y de la celebración de la eucaristía. A partir de ahí, tenemos nuestro tiempo de trabajo: las tareas de la casa y el cuidado de los espacios exteriores, la atención de las hermanas mayores, el trabajo del obrador de dulces… y de compartir en fraternidad. También dedicamos un tiempo a la formación tanto personal como comunitariamente. Y, evidentemente, buscamos nuestros ratos de recreo y descanso.

—¿Cuál es la trayectoria histórica de las clarisas en nuestra archidiócesis?

En nuestra archidiócesis ha habido las hermanas clarisas desde hace muchos años. El primer monasterio fue el de Tarragona, fundado en 1249, todavía en vida de Santa Clara. Posteriormente, el monasterio de Santa Maria de la Serra, en Montblanc, en 1296. No fue hasta 1886 cuando las clarisas llegaron a Reus.

En 1983, las hermanas de Tarragona y de Reus vendieron sus respectivos conventos, y ambas comunidades se trasladaron a otro de nueva construcción cerca del Santuario de la Mare de Déu de Misericòrdia en Reus. Más adelante, en 2008, las clarisas del monasterio de la Serra de Montblanc dejaron su edificio para trasladarse también a la comunidad de Reus. A pesar de no ser de nuestra archidiócesis, en 2015 se incorporaron a nuestra comunidad las hermanas de Torroella de Montgrí (Girona).

En la actualidad, el monasterio de Reus es la única presencia de hermanas clarisas en nuestra archidiócesis.

—¿Qué retos tendrá que afrontar su monasterio en los próximos años?

Aunque parezca una contradicción, creo que el reto de futuro que debemos afrontar es vivir el presente con intensidad. Ante las situaciones de limitación y de precariedad que estamos viviendo actualmente las comunidades religiosas, es fundamental vivir abiertas y disponibles a lo que Dios nos vaya señalando, al camino que Él nos vaya indicando… Por eso es necesario vivir el día a día, sin hacer grandes planes de futuro; ser fieles a la llamada que un día Dios nos dirigió y seguir entregándonos a Él ya los hermanos con gozo y sencillez.

—¿Qué aporta la vida claustral a su vocación de vida consagrada?

La vida contemplativa no es un extra añadido a mi vocación en la vida religiosa. En realidad, la verdadera consagración es la que todos recibimos por medio del sacramento del bautismo. A partir de ahí, Dios llama a cada uno al lugar donde será feliz y se podrá realizar y crecer plenamente como su hijo.

La llamada a la vida religiosa contemplativa, en el carisma de santa Clara, es un don al que he intentado e intento responder cada día. Una vida dedicada a la oración, vivida en la fraternidad de hermanas, en un estilo austero, sencillo y gozoso es el lugar en el que Dios me quiere para vivir como su hija y hermana de todos, con una visión de universalidad.

Entrevista publicada en el Full dominical del 1 de octubre de 2023 (n. 3838)