El Catllar, Centre penitenciari Mas d’Enric, 24 de setembre de 2026

Molt estimats germans i germanes en Crist, i en particular vosaltres, tota la comunitat d’aquest Centre: superiors, agents de pastoral i interns.

Qué bien podemos decir que este es el día en el que celebramos una visita y una mirada. Porque eso es la fiesta de la Merced, que se inició en esta tierra catalana y está tan entrañada en nuestro pueblo. Hoy celebramos la visita de la Virgen a una boda y su mirada materna ante la situación de los hombres aherrojados en su libertad. La entrañable mirada de María la celebramos como reflejo e instrumento de la mirada de Dios, «que vio la cautividad de sus hijos e hijas y los liberó» (cf. Ex 3,7)

Las palabras del Evangelio recién proclamado nos hacen descubrir esa misma mirada que hoy, con tanto afecto y gratitud, recordamos. La actitud de María nos enseña a nosotros cómo mirar cada situación en la vida humana, particularmente en la necesidad.

Atraído por esa mirada sobrenatural, y como representante del Papa en España, quiero significarla viniendo al encuentro de todos vosotros. Me mueve el deseo de estrechar vuestras manos, quiero poner mis ojos en vuestros ojos para manifestaros, con mi cercanía, la invitación y aliento a no sucumbir a la tentación de sentiros menos, o pensar que no vale la pena seguir adelante, a «alzar vuestra mirada» hacia Aquel que, a través de la presencia de muchas personas, nunca deja de mostraros su amor y cercanía.

Si toda mirada entre los hombres puede producir un cambio ¿cómo no confiar plenamente en la mirada poderosa de Dios capaz de tocar el corazón? ¡Sois preciados de Dios y nadie lo puede negar! A todos nos ayuda «alzar la mirada» acompañando el ímpetu del gesto en la búsqueda de las preguntas acerca del sentido de la vida; para qué y para quién vivimos, ¡porque somos preciados de Dios! Poner nuestros ojos en Cristo nos hace encontrar, en Su mirada, el resorte capaz de alentar y transformar también nuestras personas, nuestra vida, nuestro presente y nuestro futuro.

En las bodas de Caná, María conoció la necesidad y, enseguida, miró a su Hijo con ojos suplicantes. Entonces, tal como su Hijo quiso, el agua cambió en vino. Hoy María acude en nuestro socorro. Su mirada de madre nos da seguridad, nos infunde valor y fortaleza, nos da valentía para que las cosas, también para nosotros, cambien para bien. Contando sin dudar con la intercesión y la protección maternal de la Santísima Virgen, que desea mostrarnos a su Hijo para que acojamos su salvación y hagamos siempre lo que Él nos diga, acojamos esta petición suya con toda confianza en nuestra Madre del cielo. Que Ella os proteja y acompañe con su poderosa intercesión. Y os conceda coraje en la vida, capacidad de conversión y fortaleza personal para ser felices y hacer felices a los demás. En esta celebración recojo vuestras súplicas, anhelos y nostalgias, así como el deseo de un mañana esperanzado. Se las presento a la Virgen de la Merced con vosotros, acompañando la ofrenda con la misma oración que, siendo niños, de los labios de nuestros padres y abuelos aprendimos: «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.»

Germans i germanes tots, en nom del nostre estimat Sant Pare, el papa Lleó XIV, us faig, una vegada més, una abraçada de tot cor!