El evangelio de este domingo nos traslada ante el imponente Templo de Jerusalén. Jesús preludía su destrucción y el inicio de un tiempo indeterminado en el que se convertirán en grandes tribulaciones y sus seguidores serán perseguidos. El testimonio en el Evangelio es ilusionante pero lleno de dificultades y quimeras. Son muchos los cristianos que han dado su vida por Cristo. Nuestra archidiócesis es una iglesia de raíces martiriales y este sello ha marcado toda su historia.
La obra de arte que presentamos es el juicio de los mártires de Tarraco, Fructuoso, Augurio y Eulogio. En ellos se cumplen las palabras de Jesús: «Os harán comparecer ante los reyes y los gobernadores a causa de mi nombre. Será una ocasión de dar testimonio. Esté decididos a no prepararse la defensa: yo mismo os daré una elocuencia y sabiduría que ninguno de sus adversarios será capaz de resistir o contradecir» (Lc 21,12-15). La obra forma parte de 10 paneles cerámicos en relieve realizados por el artista Antonio Oteiza que narran la Pasio Fructuosis. Fueron esmaltados por la ceramista Neus Segrià. Oteiza es uno de los exponentes del arte contemporáneo vasco de la segunda mitad del siglo XX. Trabajó con su hermano Jorge Oteiza en el proyecto escultórico de la basílica de Nuestra Señora de Arantzazu, en Oñate (Guipúzcoa), referencia fundamental en el arte sacro contemporáneo español. Los paneles de Tarragona estaban destinados a decorar el frontal del altar de la capilla de san Fructuoso de la Catedral en conmemoración de los 1.750 años del martirio de los santos. Lamentablemente, el proyecto no se materializó y el artista obsequió la obra, por mediación del arquitecto Joan Figuerola, en el Museu Bíblic Tarraconense.
El panel del Juicio mide 23×32 cm. Desde un lenguaje expresionista, Oteiza transmite en su relieve una atmósfera de dramatismo y espiritualidad que nos acerca al hecho histórico. Oteiza ha estudiado bien la Paseo Fructuosis y cómo un icono ha plasmado el relato desde una oración íntima. La escena se representa con sentido de teatralidad. La determinación del gobernador queda acentuada por el brazo acusador y sentenciador. El combate, convencimiento y esperanza de los mártires se manifiestan en sus brazos levantados señalando el cielo. Un entorno arquitectónico que representa el pretorio enmarca la escena. Estamos ante una magnífica obra de arte sacro que comienza el III milenio de la historia del arte de nuestra archidiócesis.
Andreu Muñoz Melgar,
director del Museo Bíblico Tarraconense
Artículo publicado en la Hoja dominical del 13 de noviembre de 2022








