El evangelio (Mt 5, 17-37) nos sitúa ante la ley. Jesús no pretende anularla, sino complementarla, dotarla de un nuevo sentido. Si la antigua Ley viene determinada por el «mandamiento», la nueva Ley se injerta en la idea de justicia. Es necesario pasar de una «ley formal» (construida por normas) al protagonismo del juicio de nuestra conciencia desde los valores absolutos evangélicos presididos por un amor sin límites (cf. Jn 13, 34). Sólo así regiremos nuestra conducta en consonancia a la realidad del Reino. Todo discípulo, desde la libertad, tiene la exigencia de seguir la voluntad de Dios incluso aceptando los tintes amenazantes que el evangelio de Mateo presenta en esta ocasión. Sin embargo, el discípulo aunque sometido a las debilidades y al mal anda seguro por la gracia del amor de Dios que le otorga su constante ayuda para superar las tribulaciones.

Esta Maiestas Domini junto con otros cuatro paneles configuran las llamadas pinturas murales de la iglesia de Santa Maria de Peralta, construida hacia 1324. La iglesia fue abandonada a raíz de las vicisitudes sufridas durante la Guerra Civil de 1936. En 1948 las pinturas fueron descubiertas bajo una capa de yeso y Mn. Pere Batlle, director del Museo Diocesano, liderará su recuperación haciéndolas arrancar a Josep Gudiol. Después de 75 años ingresadas en el Museo se han sustituido sus soportes de madera afectados por xilófagos y se ha procedido a su limpieza. Las pinturas, del segundo cuarto del siglo XIV, pertenecen al segundo gótico lineal, estilo en el que predomina la línea sobre el color. Cristo nimbado, sentado en su trono, bendice con la mano derecha al universo y con la izquierda sostiene el orbe dividido por los tres canales que separaban los tres continentes conocidos (Europa, Asia y África). Cristo está enmarcado por la mandorla (almendra mística) símbolo de lo sagrado sobre un fondo de hojas y una traza ondulada difíciles de interpretar. Tal vez alude al río del agua de la vida, transparente como el cristal que nacía del trono de Dios y en las hojas del Árbol de la Vida que sirven para curar a los pueblos (Ap 22,1-2) . En los ángulos, aparece el Tetramorfo, los cuatro vivientes del Apocalipsis, figurados como los cuatro evangelistas según las filacterias que sostienen: el águila de Juan, el león de Marcos, el hombre de Mateo y el toro de Lucas.

Cristo es el poder y la luz que revela el sentido de la realidad, por eso sostiene el orbe. Su bendición es complacencia, benevolencia, paz y protección sobre aquellos que se mantienen firmes en la Nueva Ley como verdaderos discípulos suyos, a pesar de las caídas y tribulaciones.

Andreu Muñoz Melgar, Director del Museu Diocesà de Tarragona
Article publicat al Full dominical del 12 de febrer de 2023 (n. 3805)