En el marco de los actos de la visita pastoral a la Unidad pastoral de Reus, el pasado martes día 20 de enero, el arzobispo Joan visitó la iglesia prioral de Sant Pere Apòstol, donde se reunió con más de una treintena de representantes de los diversos grupos presentes en esta comunidad parroquial y también en la Parroquia de la Puríssima Sang.
En el contexto de este encuentro, el Sr. Arzobispo pudo conocer las tareas que llevan a cabo cada uno de los grupos parroquiales, y les invitó a seguir dando testimonio en todo lo que realizan.
Por otra parte, el viernes día 22 de enero, el Sr. Arzobispo estuvo en Castellvell del Camp, municipio que también forma parte de la UPA de Reus. Allí visitó la ermita de Santa Anna, donde se reunió con los responsables del Patronat de Santa Anna, que velan por la preservación de esta ermita.
Al finalizar el encuentro, presidió los actos religiosos con motivo de la fiesta mayor de invierno en honor de san Vicente. Así, la procesión con la imagen del Santo y la eucaristía solemne en la iglesia parroquial centraron esta jornada. Al final de la celebración, los fieles pudieron venerar la reliquia de san Vicente, diácono y mártir.
Por último, el domingo día 25 de enero, el sr. Arzobispo participó en la divina liturgia de la Parroquia ortodoxa rumana de los Santos Calínico y Fructuoso de Reus. En esta celebración, el arzobispo Joan predicó la homilía, en la que recordó que «antes de cualquier división histórica, está el Evangelio que nos une; antes de cualquier diferencia teológica, existe Cristo que sale al encuentro del ser humano».
A partir del pasaje del Evangelio que habla de Zaqueo, el Sr. Arzobispo destacó que Jesús es quien toma la iniciativa: «La condescendencia amorosa de Dios que desciende para levantar al ser humano.» Fruto de ese encuentro con Cristo, se produce la conversión «que tiene una dimensión profundamente eclesial y social: restituye la justicia, reabre la comunión y devuelve la dignidad», explicó.
Al final de la homilía, el arzobispo Joan pidió a Dios «la gracia de no escondernos cuando Él pasa por nuestra historia, de no escandalizarnos de su misericordia, y de andar juntos hacia la plenitud de la comunión, empezando siempre por la conversión del corazón».








