Una de las obras destacadas de la pintura gótica de la archidiócesis de Tarragona es el retablo de la capilla del castillo de Solivella, conservado en el Museu Diocesà. La obra firmada por Mateu Ortoneda está pintada al temple y pan de oro y datada entre 1400 y 1425. En la mesa central, se representa a la Virgen María con el Niño Jesús. Las escenas de las dos calles laterales muestran los Gozos de María y pasajes de la Pasión de Jesucristo: Anunciación, Natividad, Epifanía, Venida del Espíritu Santo, Resurrección, Ascensión y Coronación de la Virgen María, Entrada de Jesús en Jerusalén, Santo Cena, Prendimiento de Jesús, Calvario y Lamentación sobre el cuerpo exánime de Cristo. En el cuerpo inferior del retablo, en la predela son figurados los santos y santas: Pedro apóstol, Catalina de Alejandría, Bernardo, Juan Bautista, Juan Evangelista, Antonio Abad, María Magdalena y Pablo apóstol. La obra debe enmarcarse en el Primer Gótico Internacional, una corriente que se desarrolla en Catalunya entre finales del siglo XIV y la segunda mitad del siglo XV, fruto de las influencias de pintores del norte de Francia y Flandes. Este estilo introduce la moda urbana y cortesana de gusto refinado, proyectando de forma detallada la fastuosidad de los vestidos, objetos, muebles, arquitecturas y paisajes en escenas de gran expresividad y riqueza compositiva.
En la escena de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén se representa a Cristo sobre el pollino en actitud de bendición acompañado por san Pedro que lleva un bastón. Tres personajes representan parte de la multitud que salieron a recibir a Jesús extendiendo los mantos por el camino a su paso a las afueras de la muralla de Jerusalén representada como una fortificación medieval. Siguiendo la tradición iconográfica clásica en la representación también se enmarca la escena de la conversión de Zaqueo, encaramado en el sicómoro en Jericó. El mismo esquema puede apreciarse, mil años antes, en el sarcófago paleocristiano de Betesda empotrado en la fachada de la Catedral de Tarragona.
El profeta Zacarías predice al rey que lleva la paz, justo y victorioso y que llega humildemente, montado en un asno para anunciar de forma universal la paz a los pueblos (cf. Za 9,9-10). Este rey es prefiguración de Cristo, revelado a los sencillos, el Mesías consagrado por Dios y ungido por el Espíritu Santo para redimir a toda la humanidad. Cristo, benévolo y humilde de corazón, es reposo de todos aquellos que creyendo en Él viven según el Espíritu.
Andreu Muñoz Melgar, director del Museu Diocesà de Tarragona
Article publicat al Full dominical del 9 de juliol de 2023 (n. 3826)








