La archidiócesis de Tarragona ha iniciado un nuevo curso del trienio pastoral 2025-2028, un trienio que toma como referencia el pasaje evangélico de la elección de los doce apóstoles: «Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él. E instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar» (Mc 3,13-14). Si durante el curso pasado la acción pastoral de la archidiócesis ponía el acento en la llamada y, por tanto, en la dimensión vocacional, este curso 2026-2027 se nos invita a profundizar la experiencia de estar con Él.
De este modo, las prioridades pastorales del nuevo curso giran hacia un horizonte muy concreto: profundizar nuestra relación personal con Cristo y sentirnos acompañados e integrados en el seno de la Iglesia. Vivir e intensificar esta relación con Jesús se traduce en la vocación a la santidad, a la fidelidad evangélica, a llevar una vida acorde con lo que Él nos enseña.
Veámoslo en las prioridades pastorales que se nos proponen. En el ámbito de la comunión, profundizando en la fraternidad, se pide fortalecer los vínculos y el sentido de comunidad entre los miembros de las parroquias y de las unidades pastorales, también entre el clero diocesano. Así, algunas vías para alcanzar este objetivo son el acompañamiento de los equipos de vida de la Acción Católica General, la creación de espacios parroquiales que favorezcan el encuentro y también la creación de equipos de acogida que atiendan a personas marcadas por la pobreza, la enfermedad u otras necesidades.
En el ámbito de la misión, la evangelización pasa por el acompañamiento de niños, adolescentes y jóvenes en el camino de fe. También se pide el acompañamiento a matrimonios y familias, así como la integración de las personas migradas a las comunidades para que puedan vivir una participación activa. Del mismo modo, las propuestas de Primer Anuncio, como los encuentros Cuatro40, Emaús, Effetá o Alpha pueden integrar y acompañar a los participantes a las comunidades.
En cuanto a la participación, la sinodalidad debe impregnar el día a día de nuestras comunidades. En este sentido, se propone continuar con la implementación y desarrollo de las unidades pastorales, así como fomentar la participación corresponsable del laicado. Además, se quiere dar un especial impulso a la figura del laicado con misión pastoral, con hombres y mujeres preparados para ser enviados a la misión en todo el territorio diocesano.
Por último, el último ámbito de las prioridades pastorales hace referencia a la formación. Uno de los aspectos que quiere promoverse en este apartado es la creación de una escuela de espiritualidad y oración, así como un curso formativo sobre los contenidos de la doctrina social de la Iglesia y la encíclica Magnifica humanitas de León XIV. Además, se potenciará la formación del laicado, especialmente en lo que se refiere al acompañamiento, la escucha activa y la mediación fraternal, para lo que velará el nuevo servicio diocesano de acompañamiento y espiritualidad.








