El 7 de octubre, se celebra la solemne festividad de la Virgen del Rosario, una advocación estrechamente ligada a la orden dominica y extendida en numerosas comunidades de nuestras diócesis catalanas. A lo largo del tiempo, su culto se ha proyectado a través de la advocación de numerosas iglesias, capillas, en altares, oficios que fomentan la devoción del rosario, gozos y en la constitución de cofradías. No faltan los grandes santuarios en la Iglesia universal dedicados a su advocación como el de la Virgen del Rosario de Pompeya (Italia). Muchas mujeres llevan con orgullo el nombre de Roser en honor a este bellísimo título de la Virgen.

La representación de la Virgen del Rosario de la parroquia de San Martín de Maldà que presentamos se encuentra en los fondos del Museo Diocesano de Tarragona y se trata de un panel de veinte baldosas vidriadas policromas que mide 67,4 × 54 × 7 cm , datado a mediados del siglo XVII, de estilo barroco. La obra se atribuye al barcelonés Llorenç Passoles († en 1683) uno de los grandes ceramistas catalanes del barroco. En el centro de la composición se encuentra la Virgen María, de pie, sosteniendo al Niño Jesús como salvador del mundo con el brazo izquierdo bendiciendo el mundo y sosteniendo el orbe con la mano izquierda. María se encuentra sobre un pequeño montículo en un paisaje paradisíaco en el que destacan un rosal a la derecha de la Virgen y un lirio a su izquierda. Sobre un cielo azul, dos querubines fijan su mirada en María y el Niño Jesús enmarcados por una orla o corona formada por un rosario de rosetas. Ésta presenta las cinco decenas de cuentas del «Ave Maria» y las cinco denas del «Padre Nostre». Toda una evocación en la que el rosario – como nos recuerda Juan Pablo II en su Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae – es meditación, súplica y todo un itinerario de anuncio y profundización de los misterios de Cristo.

Andreu Muñoz Melgar
Director de los Museos diocesanos de Tarragona