Desde este mes de septiembre, Maria del Mar Cugat ejerce el cargo de secretaria general y cancillera del Arzobispado, además de jefe de personal, notaria e interventora.

Cugat es madre de familia y diplomada en Relaciones laborales por la Universitat Rovira i Virgili. Actualmente, lleva diez años trabajando en el Arzobispado de Tarragona, primero en la Delegación diocesana para la actividad misionera y la cooperación entre las Iglesias y, después, compaginando esta responsabilidad y animación pastoral con otros departamentos o servicios a la archidiócesis .

La nueva secretaria general emprende este reto con ganas de aprender y servir. Hoy, conversamos con ella para conocer la labor que desarrolla en esta nueva etapa.

—Usted es la segunda mujer que ejerce el cargo de secretaria general y canciller. ¿Cómo asume esta responsabilidad?

Me gustaría decir, de entrada, que el hecho de que una mujer acceda a cargos diocesanos, cargos pastorales o cualquier otro rol misionero en la Iglesia no debe ser noticia. Lo entiendo, pero desgraciadamente todavía no tenemos costumbre; pero debería ser normal, puesto que la gran mayoría de las personas que forman nuestras comunidades son mujeres.

Dicho esto, asumir responsabilidades en cualquier ámbito de la vida responde a la disposición personal a participar de un proyecto, una propuesta e incluso un plan de futuro. Humildad, eficacia, fidelidad y transparencia son los objetivos que modestamente me he marcado por hacer en el tiempo que esté haciendo este trabajo, porque sé que en la Iglesia los cargos no son perpetuos y hay que ir rejuveneciendo siempre todas nuestras propuestas de futuro .

—¿Cuáles son las principales funciones que desempeña en estos nuevos cargos?

Como secretaria general y canciller, y contando con la ayuda de las personas que trabajan en el área administrativa u otras, mis funciones van desde la gestión de toda la documentación que requieren los sacerdotes (carnés, incardinaciones, licencias ministeriales, decretos, nombramientos, registro de ministros de culto), trabajos de registro, documentación y comunicación de expedientes matrimoniales, nulidades, apostasías, rectificaciones de partidas de bautismo. También gestionamos los distintos trámites de asociaciones de Iglesia y cofradías que puedan ser requeridos en el Registro de entidades religiosas.

Por otra parte, cuidamos todos los datos que se puedan requerir tanto de la Conferencia Episcopal Española como de la Santa Sede por estadísticas sacramentales.

Como no podría ser de otra forma, como secretaria me encargo de estar presente en el Consejo Episcopal y levantar acta. También participo en el Consejo de asuntos económicos, de la Comisión de obras y servicios en las parroquias y en el Consejo Pastoral Diocesano.

Relacionar todas mis tareas, en tan poco espacio y no aburriendo al personal, resulta complicado pero quisiera destacar una nueva que el arzobispo Juan ha tenido a bien que se genere como un referente de transparencia en los procedimientos económicos. Y es que como notaria del Arzobispado devengo a la interventora y, para la aceptación de cualquier presupuesto, factura o pago será necesaria mi firma con otras dos mancomunadas de economía. Es una medida de control que favorecerá que las decisiones se tomen de forma transparente y conjunta y que no se generen nuevas actuaciones de superiorado y de abuso.

—¿Cómo valora la presencia de los laicos, y en especial de las mujeres, en los distintos organismos de nuestra archidiócesis?

Ya en la primera pregunta lo he dicho, pero ampliando lo que pienso creo que en estos momentos esto no responde tan sólo a una necesidad de la Iglesia sino también a un deseo de las personas que formamos parte y nos conforta que el propio arzobispo y que el Papa tengan siempre una palabra que nos anime a tener esa actitud humilde, como signo palpable de sinodalidad que, en estos momentos, son tan necesarios para alcanzar la corresponsabilidad en todos los ámbitos de nuestra vida y, como no podría ser de otra forma, también con nuestra presencia activa en la Iglesia.

—Nuestra archidiócesis vive una nueva realidad con la implantación de las Unidades pastorales, que llega en pleno Sínodo sobre la sinodalidad. ¿Cómo favorecerán las UPA ese «caminar juntos» que propone el papa Francisco?

Responder a esta pregunta sería más propia de contestar por cualquiera de los agentes de la pastoral en todos sus ámbitos que desde la Secretaría general y cancillería. Nosotros ponemos al servicio de la archidiócesis y de todas las personas, organismos, grupos y comunidades las herramientas administrativas y organizativas que ayuden a no tener que distraer recursos y dedicarse a la pastoral.

Es algo como lo que ocurre en el Departamento de economía, que está al servicio de todos sin ser un servicio pastoral y forma parte del tejido básico que facilita esta pastoral.

Entrevista publicada en el Full dominical del 22 de octubre de 2023 (n. 3841)