María, la más cercana, es una figura fácilmente comprensible, escogida por Dios y, al mismo tiempo, venerada por nosotros a través de numerosas advocaciones en todo el mundo. Esta devoción refleja la variedad de aspectos con los que diferentes culturas y personas pueden identificarse viendo en ella un modelo a seguir.
El evangelio de San Juan nos ofrece un retrato espiritual «implícito» de María cuando Jesús dice: «El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él» (Jn 14,23). Esta expresión, dirigida a los discípulos, también se aplica a quien fue la primera y perfecta discípula de Jesús. María fue la primera en guardar las palabras de su Hijo, demostrando su amor no sólo como madre, sino también como sirvienta humilde y obediente.
Cuando Jesús prometió a sus amigos que el Espíritu Santo les asistiría para recordar cada palabra suya y comprenderla profundamente (Jn 14,26), como no pensar en María, que meditaba e interpretaba fielmente todo lo que su Hijo decía y hacía? Así, antes y después de la Pascua, María se convirtió también en Madre y modelo de la Iglesia.
Es natural considerarla la primera discípula, ya que, según los evangelios apócrifos, desde pequeña siguió al Señor. El Protoevangelio de Santiago relata la Presentación de María en el templo: «Cuando cumplió dos años, Joaquín dijo a Ana: “Llévala al templo del Señor para cumplir la prometencia que hicimos.” Pero Anna replicó: “Esperemos al tercer año, que ya no añore al padre y la madre.” Cuando cumplió tres años, Joaquín invitó a las doncellas hebreas a acompañarla para que la niña no se echara atrás. El sacerdote la acogió y María bailó con sus piececitos, y se ganó el cariño de toda la casa de Israel.»
Los autores espirituales destacan en este episodio tres méritos de María: su diligencia, su generosidad al dejar a sus padres y su fidelidad inviolable. El Protoevangelio afirma que «los padres de la niña bajaron (del templo) admirados, alabando y glorificando al Señor Dios porque la niña no se había vuelto atrás. María vivía en el templo del Señor como una paloma». ¿Cuántas veces nosotros nos quisiéramos girar atrás?
Sor Gemma Morató i Sendra, Dominica de la Presentación
Artículo publicado en el Full dominical del 17 de noviembre de 2024 (n. 3897)








