El pasado mes de junio tuve la gran suerte de participar por primera vez en un Congreso del Mediterráneo, el MED26. Estos encuentros reúnen a jóvenes de diferentes países de la cuenca mediterránea con el objetivo de reflexionar sobre los retos de nuestro tiempo, compartir experiencias y aprender a convivir desde el respeto y la riqueza de la diversidad cultural y religiosa.
La edición de este año se celebró en Barcelona, coincidiendo con la visita del papa León XIV. El tema central del congreso fue la paz, una realidad tan necesaria como urgente en un mundo marcado por conflictos y divisiones. A lo largo de las sesiones profundizamos en la importancia de la escucha activa: escuchar con atención, con el corazón abierto y con una verdadera voluntad de entender al otro. También reflexionamos sobre el valor del diálogo como herramienta imprescindible para construir puentes, superar prejuicios y favorecer la convivencia entre personas y pueblos distintos.
Una de las actividades más enriquecedoras fue trabajar conjuntamente en la resolución de un caso real de conflicto. Esta experiencia nos ayudó a comprender que la paz no es la ausencia de guerra, sino una labor cotidiana que exige escucha, respeto y comprensión. Fue especialmente significativo compartir estas reflexiones con jóvenes procedentes de realidades muy diversas, algunos de los cuales viven situaciones de tensión que nosotros a menudo sólo conocemos a través de las noticias.
Los primeros días del Congreso transcurrieron en Montserrat, un espacio privilegiado de convivencia y conocimiento mutuo. Más adelante tuvimos la oportunidad de participar en varios actos vinculados a la visita del Santo Padre. Destaco especialmente el encuentro con obispos y cardenales del Mediterráneo, que nos permitió compartir inquietudes y esperanzas sobre el papel de los jóvenes en la construcción de un futuro más fraternal.
Uno de los momentos más emocionantes fue la recepción con el papa León XIV en el palacio episcopal de Barcelona. Poder saludarle personalmente y recibir su bendición es un recuerdo que conservaré siempre. También participamos en el velatorio con miles de jóvenes y en la celebración eucarística en la Basílica de la Sagrada Familia, experiencias que reforzaron el sentimiento de comunión de la Iglesia universal.
El Congreso también nos ofreció ocasiones concretas para vivir la fraternidad: la visita a un comedor social, el encuentro con una comunidad musulmana y la visita a una sinagoga nos ayudaron a descubrir que el respeto, el servicio y la dignidad humana son valores compartidos que pueden unir a personas de tradiciones muy diversas.
Si tengo que quedarme con una idea de estos días es que la paz se construye a través de las relaciones humanas. He aprendido mucho de los otros pueblos del Mediterráneo y he tomado conciencia de la responsabilidad que tenemos todos de construir puentes donde hay muros. Las palabras del papa León XIV resumen perfectamente el espíritu del MED26: «La dignidad humana no tiene pasaporte y no pierde valor cuando cruza una frontera».
Alba Anglada Núñez, representante de la archidiócesis de Tarragona en el MED26
Artículo publicado en el Full dominical del 5 de julio de 2026 (n. 3982)








