La conversación había llegado a un momento interesante y serio, se centraba en las vivencias sobre la propia vida en relación con Dios y los demás. Aquella persona se animaba cuando iba enumerando los caminos que la llevaban a Dios: «Todo me lleva a Dios: el canto de los pájaros, el agua de la fuente, el viento entre los árboles, las gotas de la lluvia rebotando sobre la azotea, las estrellas de la noche, la postal del sol… Es tan hermosa la naturaleza, qué libro tan bien escrito…».

Dentro de mí sentía resonar: «El cielo habla de la gloria de Dios, la estelada anuncia lo que han hecho sus manos. Los días, uno a otro se transmiten el mensaje, una a otra se le revelan las noches. Silenciosamente, sin palabras, sin que nadie les oiga la voz, su anuncio se esparce en toda la tierra, escuchan su lenguaje hasta los límites del mundo» (Sal 19,2ss).

Me dijo tantas cosas que la llevaban a Dios… La veía tan animada que la interrumpí y simplemente le dije: «¿Y la vecina?». La respuesta fue muy rápida: «¡No me hable!».

«Oye Israel»

«¿Cuál es el primer mandamiento de todos?

Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos«». (Mc 12,28-31)

«Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas». (Dt 6,4-9)

«Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano». (1Jn 4,19-21)

«BIENAVENTURADOS LOS LIMPIOS DE CORAZÓN», SON DESCUBRIDORES DE BELLEZA

Josep Pascual, pvro.
Artículo publicado en el Full dominical del 30 de abril de 2023 (n. 3816)