​Jesús nos repite: «¡No tengáis miedo!», mientras la araña del mundo teje por nosotros un sudario de palabras e imágenes que nos sepultan en vida fomentando la absurda ilusión de la muerte definitiva y adiestrandonos en el terror a la pobreza material, a la vejez ya la enfermedad física. Nos alienan mostrándonos una (ir)realidad virtual sin un aquí y sin un prójimo, en la que el pasado es siempre tenebroso, y el futuro, incierto, en un ataque frontal contra la esperanza que alienta en el Espíritu Santo.

Sólo a la luz de la Palabra sanadora de Jesús redescubrimos la verdad del presente eterno y la certeza del Amor entrañable y providente del Padre por su Creación; un Dios que habita en esa persona, dotada de una dignidad tan sagrada e inviolable como la nuestra, que está aquí y ahora, junto con nosotros.

Ajeno a las imágenes frenéticas que nos ofrecen abalorios a cambio de esclavizarnos, arrebatándonos la fe, la esperanza y la caridad, brilla el oro de una paz que manda desde nuestro propio centro, donde Dios mismo manda como una fuente de plenitud incesante: la Fuente de la Vida Eterna que buscaban a los héroes de tantos mitos de la humanidad.

¡Cuántas escamas de imágenes vacías recubren nuestros ojos espirituales, los ojos de niño que tuvimos un día! Inadvertidamente, nosotros mismos las difundimos y acaban por cegar nuestros manantiales; y entonces, un día, arraiga el terror sibilinamente sembrado: «¡Nos falta agua! ¡No hay para todos! ¡Acumulémosla! ¡Robámosla!».

Pero nuestro manantial sigue ahí. Basta con remover la piedra sepulcral que obstruye su fluir eterno hacia el Infinito. ¿O preferimos la seguridad siempre amenazada del pozo de la samaritana? El agua no puede estar quieta mucho tiempo sin dejar de ser agua, su esencia es su alegre fluir. ¿No será que, más que miedo a la muerte, tenemos miedo a los riesgos ya los cambios que implican la Resurrección?

Señor, todas nuestras fuentes están en Ti, en el agua que manda de tu lado, y todas anhelan unirse en una misma, única y eterna Fuente. Sólo hace falta lavar las escamas de nuestras manantiales con la saliva de tu Palabra para disfrutar, ya desde ahora, de la plenitud de tu Resurrección, que es la nuestra.

Grupo Bon Pastor de la Renovación Carismática Católica en el Espíritu de Tarragona
Artículo publicado en el Full dominical del 30 de marzo de 2025 (n. 3916)