Nacido en Tortosa en 1955, Rafael Muñoz es casado, padre de dos hijos y una hija y abuelo de dos nietas. Ha dedicado su vida al mundo de la educación, dando clases durante 46 años en escuelas e institutos de Catalunya y Euskadi, en centros de formación laboral y sindical, en la Escola d’Administració Pública de Catalunya, en la Universitat Rovira i Virgili y en el Institut Superior de Ciències Religioses Sant Fructuós.

Después de quince años como Inspector de Educación, hace tres años que se jubiló y, desde entonces, presta su servicio a la Iglesia como responsable de los temas de educación en la archidiócesis, primero como director del Secretariado diocesano de la enseñanza y la escuela cristiana y ahora al frente de la Delegación diocesana para la educación. Además, desde el pasado mes de julio es el coordinador del Secretariado Interdiocesano de Enseñanza de la Religión en Catalunya.

—¿Cuál es la presencia de la Iglesia católica en nuestra archidiócesis en el ámbito educativo?

Tenemos 30 escuelas concertadas cristianas, 24 de diferentes congregaciones religiosas y 6 diocesanas, que escolarizan a alrededor de 20.000 alumnos.

En los centros públicos tenemos 150 profesores de Religión católica que, en muchos casos, deben cubrir varias escuelas e institutos, ya que la asignatura se ofrece en 174 centros.

Desde el INSAF se ofrece la formación eclesiástica para obtener la DECA (Declaración Eclesiástica de Competencia Académica) que es requisito indispensable por ser docente de la asignatura de Religión y Moral Católica. También una parte de esta DECA se está impartiendo en la URV dirigida a los estudiantes de los diferentes Grados de Maestro.

—¿Cuáles son los principales objetivos y retos que se plantea al frente de esta nueva Delegación?

La Delegación sigue manteniendo las competencias del hasta ahora Secretariado de la enseñanza y la escuela cristiana, donde yo ya ejercía como director. La inclusión ahora del INSAF, la Fundació Sant Fructuós — Escoles Diocesanes, y la atención a la pastoral universitaria, son la novedad; y  relativa, ya que en estos tres años mi colaboración con el INSAF y con la Fundació Sant Fructuós ha sido intensa y planificada. Con el Institut, porque es el alma mater que alimenta la formación intelectual y eclesiástica de nuestros maestros y profesores y con la Fundació, porque estatutariamente yo ya formaba parte de su Consejo de Dirección y del Patronato. La pastoral universitaria será el mayor reto.

Los principales objetivos para los próximos años son la creación del Consejo de Delegación, la formación permanente de nuestro profesorado (a través del INSAF y de jornadas de buenas prácticas) y sobre todo, y en clave sinodal, el establecimiento y mantenimiento de conexiones y redes con parroquias y profesorado de Religión, Unidades pastorales, escuelas cristianas y con las demás delegaciones diocesanas. La base la encontramos en dos documentos: El Pacto Educativo Global del papa Francisco y La identidad de la escuela católica para una cultura del diálogo de la Congregación para la Educación Católica, de la Santa Sede.

—¿Cómo debería trabajarse la pastoral en los centros cristianos para que el mensaje de Jesús llegue a los alumnos?

Primero, poniendo a Jesucristo en el centro de la concepción de la realidad y practicando el diálogo entre la razón y la fe para abrirse a la verdad. Un centro cristiano debe ser «comunidad» impregnada del espíritu evangélico de libertad y caridad, que forma y se abre a la solidaridad y debe estar arraigado en principios evangélicos que son, al mismo tiempo, «normas educativas, motivaciones interiores y metas finales». Si desde pequeños, como dice Javier Alonso, se siembra la fe en los niños y se cuida durante todo su proceso escolar, seguramente tendremos a jóvenes dispuestos a vivirla con responsabilidad.

Nuestras escuelas disponen de infinidad de recursos y materiales para realizar una buena pastoral. De hecho, sólo trabajando a fondo las encíclicas Laudato si’ y Fratelli tutti veríamos que podemos proponer el evangelio en ámbitos como la integridad moral, el compromiso con los demás, la conciencia ecológica, el trabajo por la paz, la lucha por la justicia , la sensibilidad artística, el amor por la propia cultura, entre otros. Habrá que potenciar, además, la figura de los curas en las escuelas para que se conviertan en auténticos acompañantes espirituales de la comunidad.

—Como coordinador del SIERC, ¿cuál es la situación actual de la asignatura de Religión católica?

Sinceramente, muy preocupante. Los centros públicos de Catalunya tienen cifras cada vez más bajas de alumnado que cursa la asignatura, en muchos casos por debajo del 20%. De hecho incluso sumando a los alumnos de los centros cristianos que reciben enseñanza de Religión en el aula, el porcentaje está por debajo del 50%. Tampoco nos ayuda mucho la legislación educativa que, aunque respetando lo establecido en los tratados con la Santa Sede y en la Ley Orgánica de Libertad Religiosa, sigue sin recoger la dimensión espiritual como parte fundamental de la educación integral del alumnado. Es curioso que, en estos momentos, nosotros hemos sido capaces de redactar unos nuevos currículums de Religión, demostrando que Evangelio y pedagogía pueden ir de la mano en el contexto competencial de la LOMLOE y, sin embargo, tenemos la percepción de que una parte de la nuestra sociedad, incluso de los propios creyentes, piensan que la Religión es catequesis y que, como tal, debería estar fuera de las aulas.

Nos toca el duro trabajo de explicar qué es lo que hacemos. La nueva arquitectura curricular tiene un tono humanista en un marco de autonomía pedagógica de los centros. Nuestro currículum pone énfasis en la formación integral del alumno y en los rasgos del perfil de salida de la Enseñanza Básica que se concretan en los descriptores operativos del marco competencial europeo.

—En una sociedad en la que cada vez hay más desconocimiento sobre nuestras raíces cristianas, ¿cuál es la importancia de la asignatura de Religión católica?

Lo real es que nuestro profesorado de Religión colabora solidariamente y en favor del bien del alumnado en el desarrollo competencial del resto de saberes en las escuelas e institutos de todo el país. Sin la Religión en la escuela nos empobrecemos no sólo como personas, sino también en la calidad de una sociedad que debería tener la capacidad de diálogo y de escucha.

Por otra parte, el analfabetismo religioso, propiciado por el propio sistema educativo al no ofrecer una alternativa de cultura religiosa, convierte a la mayoría de nuestros alumnos en analfabetos culturales. ¿Cómo entender nuestra cultura, nuestros valores, la propia historia de Catalunya, de Europa, sin conocer nuestro genoma cultural, que no puede explicarse sin la referencia al Cristianismo?

En fin, el camino es largo pero no perdemos la esperanza. No todo es culpa de las administraciones. Recordemos que son las familias las que deben ejercer su derecho a que sus hijos e hijas reciban esta enseñanza religiosa, tanto en los centros públicos como privados. No hacerlo es privarles de gozar de su parte de herencia cultural y espiritual.

Entrevista publicada en el Full dominical del 7 de enero de 2024 (n. 3852)