El pasado día 8 de junio, Cáritas Diocesana de Tarragona presentó la Memoria 2022, un documento en el que se recoge el conjunto de la actividad que han desarrollado las 74 Cáritas parroquiales, interparroquiales, arciprestales y los servicios diocesanos. Las cifras y actuaciones realizadas son abrumadoras y muestran la realidad de la pobreza y de la exclusión social que hay en los pueblos y ciudades de nuestra archidiócesis.

Para saber más sobre la labor que se desarrolló durante el año 2022 desde Cáritas, conversamos con su director diocesano, Salvador Grané.

—¿Qué diagnosis social se puede extraer de los datos recogidos en la Memoria 2022 de Cáritas?

La vida de muchas personas de nuestro entorno sigue siendo muy complicada. Aunque no lo parezca o no lo vemos, la pobreza, la exclusión social la tenemos a nuestro lado. Una de cada cuatro personas viven en la incertidumbre constante, incertidumbre vital, con problemas de trabajo, vivienda, psicosociales, o a la hora de comprar deben elegir entre comprar comida o medicamentos, o pagar el alquiler o los servicios, o decidir sobre las actividades extraescolares de sus hijos. Son madres solas con hijos a cargo, hogares de personas migrantes en situación irregular, personas desempleadas de larga duración, jóvenes instalados en la precariedad permanente, gente mayor en soledad no querida, o personas sin hogar…. Es la pobreza invisibilizada .

Ciertamente, vivimos un momento de una mejora económica general reconocida, con alta empleabilidad y reducción del paro, pero esto no llega a todo el mundo, no llega a las personas que acompañamos desde Cáritas.

—¿Qué perspectivas tienen las personas en riesgo de exclusión social?

Su situación permanece estancada sin demasiadas perspectivas de mejorar a corto plazo, al contrario. Los datos de Cáritas indican que la pobreza se mantiene, mientras que la desigualdad aumenta y se vuelve estructural. El trabajo y la vivienda son dos pilares básicos para construir una vida sólida y segura con autonomía personal. La falta de estos pilares conducen a muchas personas a la pobreza y la exclusión social. Desde Cáritas lo vemos todos los días, a pie de calle y en primera línea. Las colas de recogida de alimentos crecen y también la petición de otros servicios.

—Durante la presentación de la Memoria 2022 habló de la «pandemia de la inflación». ¿Cómo afecta a la población acompañada por Cáritas?

Creíamos que después de la Covid-19 se reducirían las peticiones de acompañamiento a Cáritas, pero no ha sido así. Hemos pasado de la pandemia de la Covid-19 a la pandemia de la inflación, que castiga principalmente a los hogares con menos recursos. En este sentido, las atenciones de Cáritas han aumentado un 12% respecto al año anterior, alcanzando la cifra de 8.339 hogares atendidos y casi 20.000 personas beneficadas durante 2022. El alza exagerada y constante de los precios de los productos básicos, como los alimentos o la energía, afecta a todo el mundo pero perjudica, especialmente, a los hogares más humildes y a las personas en situación de vulnerabilidad, a quienes la subida de precios hace estragos, crea inseguridad alimentaria y hace crecer la exclusión social.

—¿Qué se debería hacer para acabar con esta «pandemia»?

La labor de Cáritas con todas estas personas es el acompañamiento en derechos, los derechos que debe tener y disfrutar todo el mundo, y esto desde la igualdad y la dignidad, a fin de que cada persona pueda poner en marcha su vida de manera autónoma y libre, con una visión integral y diferencial de cada persona. El acompañamiento propicia procesos de apoderamiento y capacitación que generan oportunidades de vida, sean en la regularización migratoria, en la capacitación profesional para trabajar, en la obtención del Ingreso Mínimo Vital o de la Renta Garantizada de Ciudadanía o en otros actuaciones que hacemos desde Cáritas.

—¿Qué se pide a las instituciones públicas desde Cáritas?

Muchas personas vulnerables dependen de tramitaciones y ayudas a las que tienen derechos y que son vitales para su subsistencia. Las trabas burocráticas de las administraciones públicas lo complican con la obligación injustificada de la cita previa, los trámites telemáticos, la demanda de documentación que muchas veces ya tienen las propias administraciones, o la resistencia de algunos ayuntamientos a cumplir con el deber de empadronamiento. Todo esto dificulta salir del círculo de la exclusión social, además de provocar un sentimiento de impotencia y desesperación, que desemboca a menudo en problemas de trastornos mentales o adicciones, aspectos que crecen cada año ya los que debe darse respuesta.

Cáritas está, como siempre, junto a las personas vulnerables, pero son las administraciones públicas las responsables de allanar el camino, incrementando los recursos, procurando un aumento de los salarios, promoviendo viviendas sociales y haciendo que la atención al ciudadano sea más rápida , eficaz y humana. Se necesitan unas políticas públicas decididas y con presupuestos dedicados.

—La esperanza es un concepto clave en el día a día de Cáritas. ¿Cómo se traslada esta esperanza a las personas que buscan la ayuda de Cáritas?

El lema del Día de la Caridad de este año, por Corpus, ha sido «Tú tienes mucho que ver. Somos oportunidad, Somos esperanza». Desde Cáritas interpelamos e invitamos a tomar parte en la vida social que compartimos creyentes y no creyentes para abrir nuestra mente y reenfocar la mirada, para ver esta realidad, la de muchas personas que no pueden acceder a los mismos derechos, que viven en desventaja, que viven en la tristeza, la soledad y la pobreza. Todo lo que hacemos en Cáritas debe ser una oportunidad y debe dar esperanza para las personas acompañadas, a fin de que puedan emprender una vida autónoma y feliz. Somos portadores del Evangelio de Jesús que es una Buena Nueva para todos.

Entrevista publicada en el Full dominical del 25 de junio de 2023 (n. 3824)