Soñar es mucho más serio de lo que pensamos. El sueño es espacio de revelación según vemos en la biblia. Por lo tanto, soñar la Iglesia del futuro, no es perdernos en divagaciones, al contrario, es unirnos como comunidad en un proyecto común. Porque, como dice Francisco, el sueño de uno se desvanece al abrir los ojos; el sueño de muchos representa la posibilidad de hacerlo realidad.

La Iglesia del futuro no tiene que ser otra Iglesia nueva, aunque sí diferente. Se trata de aprender a ser Iglesia de otra manera a la que hemos vivido hasta ahora, porque la Iglesia actual ha dado ya de sí todo lo que podía dar, y son necesarias formas nuevas.

En el momento de su elección, al salir a saludar a quienes se habían congregado en la plaza de san Pedro, pronunció unas palabras que, con el paso del tiempo, con han permitido ver toda una declaración de principios: Ahora comenzamos este camino: Obispo y pueblo […] Un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros, el uno por el otro.

La Iglesia del futuro la podemos presentar en unos puntos que, necesitarán una profundización que invito a hacer a los lectores:

  • Iglesia-camino: Es algo que estamos escuchando mucho últimamente y es importante pensar en ello. En un punto de la historia recorrida hasta ahora, la Iglesia se convirtió en meta y dejó de ser ese camino que estaba llamada a ser. Hay que volver a ser camino porque hay que estar en movimiento junto a otros y, muy atentos a quienes están al borde de ese camino, porque cuando decidan incorporarse habrá que acogerlos y acompasar, no parar, pero sí acompasar nuestro paso al suyo para que superen miedos e inseguridades.
  • Iglesia-acogida: Nadie puede quedar fuera de la Iglesia. Acogida incondicional a personas y grupos que se sienten marginados en la Iglesia. Será el momento en el que creyentes y no creyentes deberemos unirnos y manifestar, por encima de todo el amor, que, como dice san Pablo, es el vínculo de la unidad perfecta (Col 3, 14). Dar voz y saber escuchar esas voces que acogemos porque, sin duda alguna, tendrán mucho que enseñarnos.

Y, acoger, también significa crear lenguajes nuevos, formas celebrativas que conecten con las personas, reflexiones que abran el corazón, pero también el cerebro para pensar. Acoger modelos nuevos de formación para los futuros sacerdotes, porque el modelo actual está ya agotado para esta sociedad en la que vivimos y somos Iglesia.

  • Iglesia-diversa: En la creación Dios hizo un auténtico alarde de diversidad. La creación no es monótona ni monocolor. A partir de ahí, juzgar, ni siquiera prejuzgar, a las personas como diferentes no será una opción válida en la Iglesia. Porque vamos hacia una Iglesia de bautizados, no de perfectos. Nuestra pastoral deberá aprender a ser mucho más común y, las peculiaridades, se añadirán en función de las necesidades y, sobre todo, de las peticiones de quienes quieran ser acompañados de forma explícita. Para que no haya dudas, me estoy refiriendo en concreto a la integración plena de las comunidades de diversidad sexual.
  • Iglesia-evangelio: La Iglesia cuyo centro sea el evangelio se resume en: Salir y frecuentar a los pecadores –es decir, frecuentarnos todos-; elegir a los amigos menos populares –aquellos cuya vida se puede definir como poco ortodoxa y todo cristiano comprometido debería vivirla-; contar historias que hagan pensar a la gente -comprometernos a hacer exégesis más creativas y acordes a nuestro tiempo-; intentar desarmar estructuras mentales religiosas e ir creando estructuras creyentes -las normas están bien, pero hay que leerlas y, sobre todo vivirlas, siempre a la luz del evangelio y no al revés-; ser cercanos, compasivos, y comprensivos -recordar que no basta solo con decir Señor, Señor…

Ser alternativos -expresión que le escuché a un obispo en la PEJ22- me parece una forma muy gráfica de describir cómo deberemos ser  -y deberíamos ya ser- como Iglesia al estilo de Jesús en su época. Rompedores, creativos, lanzados, felices y convencidos de que la experiencia de Dios que comunicamos pasa, previamente, por arriesgarnos a confesar algo tan sencillo como profundo y alternativo: Yo creo.

No hay mucho misterio en la Iglesia del futuro. Con hacer realidad el evangelio será suficiente.

Cristina Inogés-Sanz, teòloga
Article publicat a la revista diocesana ‘Església de Tarragona’ de novembre-desembre de 2022 (329)