El Secretariado diocesano del Apostolado del Mar – Stella Maris ha celebrado veinticinco años de presencia en la archidiócesis de Tarragona. Este miércoles día 26 de junio tuvo lugar el acto de conmemoración, coincidiendo con la inauguración y bendición de la ampliación de los locales, después de la concesión administrativa de la Autoridad Portuaria de Tarragona de la totalidad del edificio donde ya se encuentra había el Centro Stella Maris, y la creación del nuevo oratorio.
El acto contó con una amplia representación de las instituciones eclesiásticas, civiles y militares que colaboran con Stella Maris, así como de las empresas que apoyan y de los voluntarios que hacen posible su labor en el Puerto de Tarragona.
En la primera intervención del acto, el director de Desarrollo Corporativo y Sostenibilidad de la Autoridad Portuaria de Tarragona, Joan Basora, destacó el lema de Stella Maris, «Tu hogar lejos del hogar», haciendo referencia «a lo que pretende ser un punto de referencia y confianza para todos los marineros». Basora indicó que «muchas personas han sido acogidas por Stella Maris, desde donde se ha ofrecido un trabajo muy discreto pero muy humano».
Vicenç Veses: «Ofrecemos unos brazos amables a los marineros que los acogen como en casa»
Por su parte, el actual director del Secretariado diocesano del Apostolado del Mar – Stella Maris, empezó su discurso haciendo un recorrido histórico de la entidad, que ha sido posible «gracias a muchas toneladas de generosidad de los voluntarios, que han dedicado su tiempo libre a los demás con alegría, y de las instituciones y empresas que han hecho posible su sustento material».
Stella Maris fue instaurada en la archidiócesis de Tarragona en 1978 por voluntad del arzobispo Josep Pont i Gol, aunque no fue hasta 1999 cuando el arzobispo Lluís Martínez Sistach encomendó la puesta en marcha operativa en P. Antonio Culebras, s.j., en un local, en la calle del Mar, que cedió la Autoridad Portuaria. En 2003, Mn. Raimon Mateu, diácono, tomó el relevo al frente de Stella Maris, y durante quince años «creó equipo humano, protocolos y relaciones con la Autoridad Portuaria y Stella Maris Interdiocesana de España». Ya desde 2014, el Puerto de Tarragona realizó la concesión de la planta baja del edificio de la Sanidad Exterior, que ahora ya ocupa totalmente Stella Maris.
Veses también destacó la labor que realizó el P. Benny Manackaparambil, o.c.d., que estuvo al frente del Apostolado del Mar entre los años 2018 y 2021, «dirigiendo toda la operativa en el tiempo difícil de la pandemia», señaló.
El actual director, Vicenç Veses, destacó que durante los veinticinco años de trayectoria, «Stella Maris ha estado cercana a los marineros, a sus problemas ya atenderles desde su llegada al Puerto hasta que se marchan». En este sentido, explicó que los voluntarios se encargan de «escucharles en el Centro o en los barcos, satisfacer sus pequeñas o grandes necesidades, ofrecerles transporte gratuito, y también se han celebrado servicios religiosos a bordo». Todo, con el objetivo de «hacer su estancia en el Puerto y en nuestra tierra lo más amigable posible, ofreciéndoles unos brazos amables que los acogen como en casa, pese a encontrarse a muchas millas de distancia».
Por último, el director de Stella Mariss aprovechó para dar las gracias a todas las instituciones y empresas que han hecho y siguen haciendo posible la labor que desarrollan al servicio de los marineros. Y, especialmente, dio las gracias a todos los voluntarios, y a aquellos que ya están en la casa del Padre.
Arzobispo Joan: «La actividad de Stella Maris es una experiencia de humanidad»
El arzobispo Joan, antes de proceder a la bendición de los espacios ampliados y del nuevo oratorio, dirigió unas palabras para agradecer la labor que realiza Stella Maris, que se convierte en «la presencia permanente de la Iglesia en el mundo del mar». Planellas señaló algunas de las necesidades que tienen los marineros cuando llegan a los puertos: «Una acogida cálida, un pequeño transporte para llegar a la ciudad, un teléfono u ordenador para contactar con su familia, un amigo para escucharles, un voluntario para acompañarles o un cura para celebrar la misa».
Todas estas necesidades, que Stella Maris cubre con la dedicación de muchos voluntarios, convierten su actividad en una verdadera «experiencia de humanidad, a veces anónima e imperceptible». Así, expresó que este servicio es «el punto luminoso de referencia o el faro que en las singladuras de la vida conduce a buen puerto, que ofrece la Iglesia a la gente del mar». De ahí que agradeciera «todo el trabajo abnegado que se lleva a cabo, muy especialmente por parte de los voluntarios, que escuchan, acompañan y llevan consuelo y esperanza».








