El 30 de noviembre celebramos la festividad de san Andrés apóstol, fecha ya constatada en san Gregorio de Nazianz (s. IV). El apóstol, natural de Betsaida, es uno del “doce”, quienes simbolizan las doce tribus del antiguo Israel y constituyen el fundamento del nuevo pueblo de Dios (cf. Ap 21,14). Junto con su hermano Pedro, era pescador en el lago de Galilea. Andrés, que había sido seguidor de Juan Bautista, se acercó a Jesús en Betania, donde Juan bautizaba, y le preguntó: «Rabí, ¿dónde habitas?». Jesús le respondió: «Ven y veréis». A partir de ese día la vida de Andreu dio un giro completo. El pescador sintiendo la llamada del Maestro se transformó en “pescador de hombres” y animó a otros a seguir a Jesús. En la liturgia griega se le llama «protokletos» que significa el «primer llamado», aunque también debe ser considerado así el apóstol Juan.
Su presencia en los evangelios no es especialmente prolífica. Inferimos del apóstol una personalidad discreta, fiel y con gran fe en Jesús, lo que posteriormente se convertiría en el convencimiento absoluto de la acción salvífica de Dios en Jesús. Esa misma convicción llevaría al apóstol a sellarla con su martirio. Andrés interviene en el episodio de la multiplicación de los panes y peces, cuando presenta a un muchachito que tenía cinco panes de cebada y dos peces (Jn 6,8-9); cuando se hace intermediario de los griegos llegados a Jerusalén que desean ver a Jesús (Jn 12,20-22); y cuando él junto a Pedro, Jaime y Juan pregunta a Jesús sobre la destrucción de Jerusalén profetizada por Jesús (Mc 13,4). Es indudable su importancia en el círculo de discípulos de Jesús. Los evangelistas Lucas y Mateo le citan el segundo, después de Pedro, en la lista de los apóstoles. Las narraciones sobre la vida de san Andrés están rodeadas de leyendas. Sin embargo, es verosímil que evangelizó a Escitia de acuerdo con el testimonio del historiador Eusebio de Cesarea (siglos III-IV). La tradición sostiene que fue martirizado en una cruz en forma de aspa en Patres (Grecia) donde se erige la contemporánea catedral ortodoxa de san Andrés. Allí se conservan parte de sus reliquias.
El apóstol, en nuestra archidiócesis, tiene advocación en las iglesias de Farena y la Selva del Camp donde existió un magnífico retablo barroco, obra del escultor Llàtzer Tremulles con escenas de la vida del santo, destruido en la Guerra de 1936. En las reservas del Museu Diocesà de Tarragona se conserva una pintura barroca al óleo sobre lienzo, del siglo XVII, con la representación del apóstol en tres cuartos de cuerpo. Muestra cabellos rizados y barba canosa como habitualmente se representa en la iconografía del santo en época moderna. Viste túnica de color azul oscuro y manto ocre. Sostiene sobre su hombro izquierdo la cruz aspada de su martirio y al otro lado se inscribe en latín su nombre, «S. Andreas». La obra formaba parte de una serie con la representación de los apóstoles. En 1914, la pintura pertenecía a la colección del canónigo Mn. Francesc Xavier Vázquez Bernat que ese mismo año hizo donación al Museu Diocesà.
Andreu Muñoz Melgar, director del Museu Diocesà de Tarragona
Artículo publicado en el Full dominical del 26 de noviembre de 2023 (n. 3849)








