Jesús «se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre» (Fl 2, 8-11). Así, la cruz es para los cristianos el símbolo por excelencia de la Redención. La Vera Cruz fue encontrada por santa Elena, madre del emperador Constantino. Eusebio de Cesarea, en su Historia Eclesiástica referencia el viaje que Elena realizó a Jerusalén donde se produjo el descubrimiento de la Cruz (Inventio crucis) y otras reliquias, entre los años 325 y 327. San Ambrosio de Milán, en el año 395, alaba la labor llevada a cabo por Elena en el descubrimiento de la Cruz de Cristo. Rufí de Aquilea, a inicios del siglo V, se convierte en el primero en narrar la invención de la Santa Cruz en su Historia Eclesiástica.
Esta cruz fue conservada y venerada en la basílica del Santo Sepulcro, en Jerusalén, hasta el siglo VII. Con el estallido de la guerra entre el Imperio Bizantino y el Imperio Sasánida de Persia, el rey Cosroes II, en 614, conquistó Jerusalén y tomó la Vera Cruz como trofeo de guerra, que fue llevada a Ctesifonte, capital persa, ubicada a 30 km al sur de Bagdad. La reacción bizantina se produjo en el año 628 cuando el emperador Heraclio logró derrotar a Cosroes II. En la primavera del año 630 el emperador entraba triunfal en Jerusalén devolviendo la Santa Cruz, en medio de la euforia popular. En recuerdo de este heroico rescate se celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, el 14 de septiembre.
La tradición explica que la Vera Cruz fue parcialmente quemada por los persas y que las cenizas fueron mezcladas con barro para crear unas medallas por los peregrinos con motivo de conmemorar la llegada de la Santa Cruz a Jerusalén. Las medallas fueron fabricadas en barro con moldes de madera. Se convirtieron en pequeñas reliquias. Una de estas medallas la podemos contemplar en el Museu Bíblic. Presenta un diámetro máximo de 19 mm y un grosor de 6 mm. En su anverso, figura la Santa Cruz flanqueada por los bustos de san Pedro y san Pablo. Otras opiniones mantienen que estas efigias corresponden al emperador Constantino ya santa Elena con velo. El reverso no está conservado. Tipológicamente existen cuatro modelos distintos. El ejemplar del Museu Bíblic corresponde al tipo 1 y procede de un anticuario de Londres.
Andreu Muñoz Melgar, director del Museu Bíblic Tarraconense
Artículo publicado en el Full dominical del 17 de septiembre de 2023 (n. 3836)








