Los días 15 y 16 de marzo, la Delegación diocesana para la juventud ha organizado el retiro cuaresmal para animadores de jóvenes en el Monasterio de Santa Maria de Vallbona de les Monges, en el que ha participado una veintena de animadores y miembros de equipo de la Delegación.
El retiro comenzó el viernes, con la participación en el rezo de vísperas de la comunidad de religiosas cistercienses, en la iglesia del Monasterio. Después de la cena, Mn. Lluís Simón ofreció la primera charla del retiro. En esta primera parte, habló del camino de conversión que nos propone la Cuaresma, una conversión entendida como un retorno de nuestro corazón y de nuestro ser hacia Dios y que requiere una actitud de apertura y disponibilidad hacia Dios.
Esta primera jornada cerró, por la noche, con una hora de oración y adoración al Santísimo Sacramento muy intensa, con ratos de silencio, reflexión, cantos y lectura de la Palabra de Dios.
Ya el sábado día 16, después del rezo de laudes y la celebración de la eucaristía, que presidió Mn. Joan Maria Anglès, párroco de la Parroquia de Santa Maria de Vallbona de les Monges, tuvo lugar la segunda parte del receso. Así, durante la mañana, Mn. Lluís Simón ofreció dos charlas en las que trató las dos actitudes necesarias para el camino hacia la paz y la santidad que propone Santa Teresa del Niño Jesús y el valor de la oración.
En primer lugar, reflexionó sobre la actitud de la humildad, a partir de la cual, conscientes de nuestra pobreza humana y de la condición de criaturas, es necesario experimentar nuestra debilidad para seguir el camino de la Salvación. Es decir, es necesario reconocernos necesitados de Dios, aceptarnos con nuestras debilidades y reconocer las cualidades que Dios ha puesto en nosotros.
Por otra parte, recordó que la confianza parte de sentirnos hijos queridos de Dios, algo que cambia y transforma nuestras vidas y que nos permite depositarlas en manos de Dios, ofreciéndolo todo a él para que lo haga luminoso.
Después de un rato de reflexión personal en torno a esta primera meditación, Mn. Lluís Simón ofreció la última conferencia. En este caso, recuperó las dos actitudes previamente trabajadas para hablar de la oración, elemento esencial para poder desarrollarlas. En este sentido, destacó que sólo con la oración podemos adentrarnos en nuestro inconsciente y realizar experiencia de la intimidad con Dios.
Mn. Simón planteó tres niveles de oración. En un primer momento, la relación con Dios es unilateral, tan sólo le pedimos que haga nuestra voluntad. Ya en el segundo nivel, nos introducimos en una relación verdadera con Dios en la que no pedimos nuestra voluntad, sino que se cumpla su voluntad. Así, el paso a este segundo nivel requiere un abandono total a la voluntad de Dios desde la oración, aceptando su voluntad salvadora aunque no la entendamos. Y el último nivel de oración se produce por iniciativa de Dios cuando ya no existe voluntad propia, sino que es la voluntad de Dios la que vive en nuestro corazón y toda oración es inmediatamente atendida por Dios, que vive en nosotros.
Evolucionar en ese proceso largo, explicó Mn. Lluís Simón, comporta convertirse en oración viviente: orar en todo momento, dar gracias a Dios, presentarle peticiones, vivir su alegría. Así, convertirse en hombres y mujeres de oración nos permitirá experimentar la presencia salvadora y misericordiosa de Dios.
Es un camino de oración en el que intervienen la sinceridad con Dios, la perseverancia, vivir la presencia de Dios en nuestra vida o compartir la eucaristía como renovación y actualización del sacrificio en la Cruz, por el que el hombre viejo resucita y se convierte hombre nuevo. Por último, señaló que en la oración también debemos presentar a Dios las angustias, soledades y miserias de la humanidad, orando con el corazón para que Dios pueda vivir en nosotros.








