La sede del Il·lustre Col·legi de l’Advocacia de Tarragona acogió, el jueves día 21 de mayo, el acto de presentación del Informe Libertad Religiosa en el Mundo 2025, que la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada se encarga de redactar bianualmente. El acto, presidido por el arzobispo Joan Planellas, contó con la participación del director de Ayuda a la Iglesia Necesitada España, José María Gallardo.

Una de las cifras más impactantes del documento es la de las más de 5.400 millones de personas en todo el mundo que viven en países donde sufren graves violaciones a la libertad religiosa. Esta cifra, que representa casi dos tercios de la población mundial, implica sesenta y dos de los ciento noventa y seis países que analiza el Informe. Algunos de los países en los que la persecución comporta violaciones graves y sistemáticas son China, India, Nigeria o Corea del Norte, mientras que en países como Egipto, México, Turquía o Vietnam se vive una situación de discriminación religiosa.

En este sentido, una de las principales amenazas a la libertad religiosa son los regímenes autoritarios, que aplican sistemáticamente mecanismos legales y burocráticos con el objetivo de suprimir la vida religiosa, reprimiendo las confesiones por medio de una vigilancia generalizada, una legislación restrictiva y la represión de los credos que disienten. Además, el Informe también constata que la violencia yihadista ha aumentado de forma sin precedentes, así como también crece el nacionalismo religioso que alimenta la represión de las minorías. En este aspecto, las mujeres se convierten doblemente vulnerables en países como Mozambique o Egipto.

Como consecuencia de esa persecución religiosa, cada vez más personas se ven obligadas a la migración forzada. Los conflictos bélicos extendidos en todo el mundo también han supuesto un crecimiento en el número de comunidades religiosas que sufren las consecuencias de la guerra. En este sentido, en Europa, Estados Unidos y América Latina han aumentado el número de crímenes de odio antisemita y antimusulmán. Por su parte, los países occidentales están experimentando también un aumento de los incidentes anticristianos, con ataques contra lugares de culto y fieles cristianos.

El Informe también recoge que la objeción de conciencia se encuentra cada vez más amenazada, especialmente en toda la región de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa. Otro hecho que afecta a la vulneración de la libertad religiosa es el uso de la inteligencia artificial como arma para reprimir a grupos religiosos, con gobiernos como los de China o Pakistán, que utilizan herramientas digitales para identificar, intimidar y criminalizar a personas creyentes.

A pesar de esta situación de empeoramiento general de la libertad religiosa en todo el mundo, las comunidades religiosas han demostrado resiliencia y compromiso como agentes de paz y de ayuda urgente y pastoral, con iniciativas que muestran cómo la libertad religiosa sirve de fundamento de unidad y garantía de la dignidad humana.

Testimonio de Mn. Emmanuel Patrick, sacerdote nigeriano destinado en Tarragona

El acto de presentación de este Informe contó también con el testimonio de Mn. Emmanuel Patrick, un presbítero nigeriano que recientemente ha sido destinado a la archidiócesis de Tarragona. El sacerdote expuso que en Nigeria «los cristianos viven con dolor, con ansiedad, con lágrimas y con mentes traumatizadas», y que deben enfrentarse a diario «a los secuestros, a la muerte cruelmente infringida por personas que se supone que deberían vivir con nosotros como hermanos y hermanas».

Pese a la persecución que sufren los cristianos en Nigeria, Mn. Emmanuel remarcó que «la fe no se vive con desesperanza: allí donde las iglesias han sido quemadas y las personas han sido desplazadas, los sacerdotes siguen acompañando a las personas a los campos de desplazados, buscando comida y medicina para dar esperanza». «En Nigeria, la fe católica se vive con huesos quemados, cuerpos sangrientos, mentes traumatizadas, pero no pueden robarnos la esperanza: allí donde la Iglesia es más perseguida, la fe brota», añadió. En este sentido, puso algunos ejemplos sobre cómo la Iglesia sigue viva, como las mil personas que se bautizaron en la celebración de Pascua de la diócesis de Makurdi o los casi 690 seminaristas con los que cuenta el Bigard Memorial Seminary.

Mn. Patrick expuso que este momento de persecución «es un tiempo para dar testimonio del Evangelio, y por eso los católicos vivimos nuestra fe en la alegría de las bienaventuranzas, conscientes de que Dios sigue caminando con nosotros». Por otro lado, también hizo un llamamiento a romper el silencio y sensibilizar a la realidad de persecución que viven países como Nigeria, porque «con indiferencia y sin solidaridad, ni oración, ni denuncia, habrá aún más persecución», dijo.

Arzobispo Joan: «Cuando se vulnera la libertad religiosa se ataca la dignidad misma de la persona»

Por último, el arzobispo Joan Planellas tomó la palabra para reconocer «la labor admirable que desarrolla Ayuda a la Iglesia Necesitada, una institución que desde hace décadas acompaña a comunidades cristianas perseguidas, discriminadas o abandonadas, llevando ayuda material, apoyo espiritual y, sobre todo, esperanza». Asimismo, recordó que «la libertad religiosa es un derecho humano fundamental, que permite a toda persona buscar la verdad, profesar sus convicciones y vivirlas libremente, sin miedo, sin coacción y sin violencia». Por este motivo, subrayó que «cuando existe una vulneración de los derechos religiosos no sólo se ataca una confesión concreta, se ataca la dignidad misma de la persona».

Por otra parte, denunció que «más de 300 millones de cristianos viven en países donde sufren algún tipo de persecución o discriminación grave por su fe». Y, pese a esta situación, destacó el testimonio de muchos testigos anónimos: «cristianos que siguen celebrando la fe en medio de la guerra, comunidades que reconstruyen templos destruidos, religiosas que siguen atendiendo a enfermos en zonas de conflicto, familias que perdonan tras la violencia sufrida».

El Sr. Arzobispo pidió «no permanecer indiferentes ante ese sufrimiento», y aseguró que podemos hacer tres cosas esenciales: «informarnos, porque la indiferencia alimenta a la indiferencia; sensibilizar, porque las sociedades democráticas sólo reaccionan ante lo que conocen, y ayudar, porque incluso el menor gesto puede transformar la vida de una persona que vive abandonada o perseguida».

Por último, reivindicó «una cultura del respeto, de la libertad y de la fraternidad entre pueblos y religiones, que no niegue las convicciones religiosas, sino que aprenda a convivir con ellas desde el respeto mutuo», y recordó también que la persecución religiosa «empieza cuando se ridiculiza la fe de los demás, cuando se margina la consideración ante esto planteó combatirla «con las leyes y con valentía moral, solidaridad y compromiso humano».

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