La Iglesia universal celebra la solemnidad del Corpus Christi, instaurada en 1264 por el papa Urbano IV. Aunque cada día se celebra solemnemente la eucaristía, un día al año la Iglesia lo hace en un contexto de mayor honor y solemnidad. Jesucristo se hace presente en la eucaristía de forma verdadera, real y sustancial. El papa Benedicto XVI expresaba que el cristiano contemplando en oración la Hostia encuentra el don del amor de Dios, la pasión y la cruz de Jesús, al igual que su resurrección. Desde estos parámetros se puede comprender el sentido final de la imagen de Cristo Majestad mostrando la Sagrada Hostia, en la antigua capilla del Corpus Christi en el claustro de la Catedral de Tarragona.

Esta capilla es hoy espacio museístico que acoge las principales manifestaciones de pintura gótica de nuestra archidiócesis. Sin embargo, fue aula capitular de la comunidad de canónigos desde el siglo XIII a 1330. Aquí se celebraron algunos Concilios Provinciales de la Tarraconense como el de 1312 que declaró la inocencia de los templarios. También, el espacio fue testigo de importantes reuniones entre monarcas, príncipes, prelados y dignatarios. En 1330, el pavorde Guerau de Rocabertí con permiso del arzobispo Juan de Aragón transformó el espacio en capilla del Corpus Christi ampliando la antigua sala con una cabecera gótica. En la pared lateral del presbiterio se observa un conjunto escultórico de la Anunciación a María y en las nervaduras los cuatro Evangelistas y un grupo de ángeles. En las paredes laterales de la nave se erigen once esculturas de apóstoles, un profeta, santos y santas. En el presbiterio, la llave de la bóveda tiene una bella representación policromada de Cristo Majestad mostrando la Sagrada Forma enmarcado por el anillo de la llave decorado por un rodillo vegetal dorado sobre fondo de azul celeste. Vestido con dignidad real, descalzo y la cabeza coronada por un nimbo cruciforme, Jesús se presenta barbado, contemplando benigno el mundo. Se encuentra sentado en un trono de brazos en forma de capitel, decorado con dibujos vegetales incisos. Entre la falda, sostiene con la mano izquierda el Libro de la Vida abierto, y con la mano derecha alzada muestra la Sagrada Forma estampada por un Cristo crucificado y el nombre de Jesús. La expresión de sus ojos desvela la invitación de Cristo a los fieles a penetrar en el sentido profundo de la Eucaristía.

En el Sinaí, el Pueblo recibió al maná, pan bajado del cielo que fortaleció la confianza en Dios de los israelitas  y les hizo regenerar sus energías para seguir adelante con el camino hacia la Tierra Prometida (cf Ex 16). Con Jesús, ¦pan bajado del cielo, todo aquel que come su carne y bebe su sangre tiene vida eterna con la seguridad de la resurrección (cf. Jn 6,54). En la contemplación de la Sagrada Forma, el cristiano participa íntimamente de su relación con Cristo y proyecta su oración teniendo presentes las necesidades de todas las personas y de toda la creación.

Andreu Muñoz Melgar, director del Museu Diocesà de Tarragona
Artículo publicado en el Full dominical del 11 de junio de 2023 (n. 3822)