En octubre la Iglesia lo dedica a la Virgen María, y una de las devociones más populares es el res del santo rosario, oración iniciada en el siglo XV, con fórmulas primitivas del siglo XIII, y que con el paso de los siglos ha sufrido cambios. Fue el papa Pío V, en el siglo XVI, quien instituyó el 7 de octubre como el día del santo rosario. Recordemos los misterios de gozo, dolor y gloria. Y ya en el siglo XX el papa san Juan Pablo II añadió los misterios de luz.

El rosario es una más de las múltiples oraciones de devoción mariana que nos acerca a Dios. Con su práctica pedimos la intercesión de María, obtenemos la fuerza interior y luchamos en las adversidades.

En mi juventud como miembro de la Congregació Mariana de Reus, aprendí a amar esta oración, que me ha acercado a la Madre y me ha ayudado a sentirme reconfortado en muchas ocasiones. El rosario deberíamos verlo tal y como es, una oración de alabanza, contemplación, petición, agradecimiento y también alegría.

El rosario no debería quedar en el recuerdo o sólo en manos de personas de mayor edad, etiquetándola de época ya pasada, ¡no! Hay que considerar el rosario como la dulce oración actual en la que podemos disfrutar de la compañía entrañable de la Madre revisando lo que nos preocupa. Recordemos que a través de los misterios renovamos el mensaje de Cristo, y que podemos hacerlo bien vivo.

Qué gozo meditar los misterios del rosario, leer los pasajes del Evangelio, rezar el padrenuestro con el avemaría y el gloria, sin prisas. También podemos fraccionar los misterios y saber encontrar otro rato para finalizarlo. Hay quien utiliza una fórmula abreviada de sólo reflexión de los misterios y el padrenuestro. Un buen amigo decía que es indiferente la fórmula, lo que importa es mantener la oración.

Qué bueno, encontrar un tiempo en un lugar tranquilo, para mantener una conversación con la Madre. Qué bien, si lo hacemos de manera habitual, y mejor si somos capaces que en los diferentes grupos y comunidades de los que formamos parte, rezamos el rosario. En momentos de alegría, de enfermedad y de desencantos nos podrá ayudar.

Recuerdo el gesto que el papa Francisco hizo en el encuentro de la cofradía de la Virgen de Montserrat en Roma, en octubre de 2023, en el que nos recordaba las bodas de Caná: «Haced todo lo que Él os diga», y repetía un movimiento con el segundo dedo de la mano. ¡Activémonos! Bueno sería que reconociéramos qué es lo que Él nos pide y que dejáramos una buena huella. Seguro que el res del santo rosario y bien acercados a María, modelo de fidelidad, nos lo facilitará.

Josep Gomis i Blanch, colaborador de la Parroquia de la Assumpció de l’UPA de Reus
Artículo publicado en el Full dominical del 5 de octubre de 2025 (n. 3943)​