En un momento dado, Dios —el Señor— se puso en contacto con María por medio de un mensajero, que bien podría ser la voz interior que oye aquél que sabe que Dios le habla en lo más íntimo de su ser. María, mujer de oración, lo debía saber bien.

Las palabras del saludo que ella escuchó le decían que tenía el favor de Dios, que era agraciada a sus ojos y que el Señor estaba con ella. Para María estas palabras debían de ser muy alentadoras, aunque de repente la desconcertaron.

Toda persona es especial para Dios, única e irrepetible. Ella lo experimentó al escuchar lo que Dios le estaba diciendo.

Luego el mensajero le comunicó lo que Dios quería hacerle saber. Esto es, la propuesta de una misión muy especial. Una tarea a realizar, no como las encomendadas a los profetas, que las llevaban a cabo obedientemente. Ésta era diferente, porque lo que María debería hacer no pedía sumisión sino una respuesta personal. Las palabras que María escuchó eran el ofrecimiento del Señor que ella pudiera permitir el desempeño de las promesas mesiánicas en su seno. Es decir, si quisiera participar en hacer posible la entrada definitiva de Dios en la historia como ser humano, siendo la madre de su Hijo.

No es de extrañar que al oír esto María preguntara lo que no entendía, escuchara con atención y lo meditara para hacerse caudal. Toda su vida podía cambiar radicalmente, pero ella puso toda su confianza en aquellas palabras que venían de su Señor. Desde su libertad y con la valentía y la fuerza que le daba sentirse totalmente segura de que Dios estaba con ella y estaba sostenida por Él, María dio su respuesta.

«María dijo: “Soy la sierva de Señor, que se cumpla en mí tu palabra.”»

María al dar su sí asumió la voluntad de Dios como propia. Se puso completamente en sus manos permitiendo que toda su vida fuera conducida por Él.

Su sí era un sí lleno de esperanza en el Señor que siempre cumple sus designios. Ella entendió que ponerse al servicio de Dios libremente era la única respuesta con sentido. María fue la mujer fiel, llena del amor de Dios, que aceptó esperanzadamente que se cumpliera en ella la voluntad del Señor.

Rosa Maria Secall Bauló, laica con misión pastoral
Artículo publicado en el Full dominical del 7 de diciembre de 2025 (n. 3952)​