Un gran número de devotos de la Mare de Déu de Montserrat se reunieron, este miércoles día 6 de mayo, en la Catedral de Tarragona con motivo de la celebración de la refundación de la Confraria de la Mare de Déu de Montserrat a Tarragona. Esta nueva delegación recoge el testimonio de la Confraria que el cardenal Francesc d’Assís Vidal i Barraquer promovió en 1926 en la Parroquia de Sant Francesc d’Assís de Tarragona, así como de la que el beato Manuel Borràs, obispo auxiliar de la archidiócesis, impulsó en la misma Catedral de Santa Tecla en 1936.

Así, la Confraria de la Mare de Déu de Montserrat renace con fuerza y ​​agrupa ya más de 200 cofrades con la vocación de convertirse en un espacio de encuentro con el Señor y con su Madre.

La celebración fue presidida por el arzobispo Joan Planellas y concelebraron el P. Joan Maria Mayol, o.s.b., párroco del Santuario de Montserrat y director de la Confraria; el provicario general para la pastoral y párroco de la Parroquia de Santa Maria de la Catedral, Mn. Joan Àguila; el vicario episcopal para la caridad y párroco de la Parroquia de Sant Francesc d’Assís de Tarragona, Mn. Ignasi Durany, y el coordinador de la Unidad pastoral Tarragona Centre, Mn. Joan Cañas.

La eucaristía se inició con el traslado procesional de la imagen de la Mare de Déu de Montserrat, obra del tallista Jaume Satorras, de 1933, desde su capilla hasta el altar mayor de la Catedral, pasando por la nave central, adornada con una bonita alfombra floral para la ocasión.

Arzobispo Joan: «La Confraria es una expresión concreta de la comunión eclesial»

Durante la homilía, el arzobispo Joan Planellas celebró la renovación de la Confraria: «Nos habla de una Iglesia viva, capaz de custodiar la memoria y, al mismo tiempo, abrirse con esperanza al futuro.» En este sentido, recordó que esta Confraria «no es una realidad aislada, sino insertada en una comunión más amplia: la comunión con el Santuario de Montserrat, con su tradición espiritual, con su liturgia, con su vocación de acogida y oración, y, en definitiva, insertada en la comunión de toda la Iglesia católica».

Por otra parte, haciendo referencia al Evangelio de la vid y los sarmientos que se había proclamado, afirmó que «no hay fruto sin unión con Cristo y, en Él, con los hermanos». Por ello, remarcó que «la Cofradía es una expresión concreta de esta comunión eclesial», e invitó a los miembros de la Confraria a convertirla en «un lugar de comunión, un espacio de fraternidad, un signo visible de una fe compartida».

Además, señaló que «esta nueva etapa de la Confraria no puede ser simplemente una repetición del pasado, sino un discernimiento de lo que el Espíritu pide hoy a nuestra Iglesia, en comunión con sus pastores y en las orientaciones y el discernimiento eclesial que realiza la Iglesia diocesana de Tarragona con sus organismos sinodales».

El sr. Arzobispo también hizo referencia a la advocación de la Mare de Déu de Montserrat, y expuso que es «figura de la Iglesia, modelo de fe, icono de comunión». «Ella es la mujer que ha permanecido plenamente en Cristo, la que ha acogido la Palabra y la ha dado al mundo.» Finalmente, rogó para que «la capilla dedicada a la Mare de Déu de Montserrat, dentro de nuestra Catedral, sea realmente un corazón que late, un espacio vivo de oración y de acogida. Que todo el que entre pueda percibir que aquí hay una comunidad que vive, que ama y que cree.»

Al finalizar la eucaristía, los asistentes rezaron la visita espiritual a la Mare de Déu de Montserrat, del obispo Josep Torras i Bages, y, posteriormente, todos los cofrades recibieron la cédula acreditativa, la insignia y el cirio como miembros de la Confraria de la Mare de Déu de Montserrat de la Catedral de Tarragona. La celebración terminó con el regreso en procesión de la imagen de la Moreneta hasta su capilla.