Como cada año las preinscripciones escolares suponen para muchas familias un período que comporta tomar una decisión importante: elegir el centro educativo para los hijos e hijas. De esta decisión depende, en gran medida, su futuro, tanto a nivel académico como personal.

La escuela cristiana propone un modelo arraigado en nuestra sociedad, un puente entre la familia y la fe, un aprendizaje para todos los ámbitos de la vida, para respetar la creación y vivir una solidaridad fundamentada en el amor hacia los demás, trabajando con los alumnos para asegurarles un futuro mejor.

La formación integral es el principio educativo de la escuela y el alumno no va a desarrollar todas sus capacidades sin la dimensión religiosa y moral que le aporte el sentido a su vida y las respuestas a sus grandes preguntas.

El profesorado cristiano, trabaje en la escuela pública o en la escuela cristiana, posee un valor añadido: el compromiso con la misión y el carisma propio de cada centro con el denominador común que es la esencia evangélica y los valores que se extraen. También un compromiso social con el conjunto de la sociedad catalana.

Elegir una escuela cristiana es una buena opción, pero en caso de elegir la escuela pública, es importante que las familias ejerzan su derecho a elegir la clase de Religión. No es un privilegio de la Iglesia católica, ni una concesión del Estado, sino el derecho recogido en la legislación internacional, estatal y autonómica.

Se trata de una ocasión única para acercarse a los contenidos de la fe, con rigor académico, sentido crítico y abiertos al diálogo, y es una oportunidad para que sus hijos aprendan en la escuela lo que da sentido y consistencia a la vida. Conocer y comprender la propia realidad para poder, después, actuar con libertad. La persona nunca existe como individuo aislado, sino como miembro de un pueblo, partícipe de una cultura y de una tradición que, en el caso de la sociedad catalana, española y europea, no pueden entenderse sin conocer y comprender la fe cristiana. ¿O alguien puede entender la pintura, la música, la escultura, la arquitectura, la filosofía, la historia, la política, la literatura, las tradiciones, si no conoce en profundidad los cimientos de la religión? Y lo mismo podemos decir, en general, de una comprensión mínima de las demás religiones, para poder asomarse al mundo globalizado donde vivimos.

Y esto vale también para las familias no cristianas, porque la transmisión de los elementos identitarios del cristianismo no deben confundirse con la catequesis, ni con la intención de convencer a los alumnos sobre las verdades que se enseñan.

Os animo a elegir la mejor educación para vuestros hijos e hijas, pero no los priveis de la herencia que les corresponde. Elegir escuela cristiana es una opción de presente y de futuro; pero si opta por una escuela pública, ¡marcad la casilla de la enseñanza de religión católica!

Rafael Muñoz Melgar, delegado diocesano para la educación
​Artículo publicado en el Full dominical del 9 de marzo de 2025 (n. 3913)