Escribo este texto el 19 de marzo, fiesta de san José, día del Seminario. Me pasan por el recuerdo los acentos de este día en mis años en el Seminario de Tarragona. Se notaba en la solemnidad de la celebración eucarística. A la hora del ángelus, subíamos por la cresta del tejado de la capilla de sant Pau para hacer repicar la campanilla de la pequeña espadaña. En el almuerzo había postre de pastelería. Algunos años habíamos ido a pasar la colecta especial a las misas de las parroquias de la ciudad. Carteles con mensajes vocacionales eran el lema de cada año, subrayados con prédicas fervorosas.
Repaso agradecido los muchos nombres de los sacerdotes que han dejado huella en mí, en el estilo de mi ministerio, en los criterios de pensamiento y actuación que me identifican. La lista contiene cuarenta y tres nombres de presbíteros ya traspasados. Podría añadir algunos más, que continúan en el servicio pastoral activo.
También en tu vida cristiana han intervenido varios sacerdotes: párrocos o vicarios de tu parroquia, otros con los que has tenido contactos que te han dejado huella, unos que has escuchado ocasionalmente o continuadamente, también en participaciones en grupos y servicios… Estaría bien hacer una memoria agradecida a Dios por lo mucho que todos ellos te han testimoniado, ayudado, aconsejado, alentado, consulado. No olvides que el ejercicio de su ministerio nunca ha sido llano. Por la estructura pastoral diocesana, por el celibato, por la indiferencia religiosa, por incomprensiones, por discrepancias, por cansancios humanos. Sé benévolo con ellos y subraya lo más positivo de todos estos curas que ha sido la entrega de su vida.
De la larga relación de nombres de presbíteros destaco algunos, tal y como me vienen al pensamiento. Miquel Barbarà: la lealtad sincera y el respeto crítico y obediente a todos los obispos. Pere Dalmau: la proximidad a los pobres y el evangelio que habla en la vida. Pau Calders: la humanidad normal y la alegría del servicio. Lluís Zaragoza: la humildad y la dedicación a la parroquia. Josep Cabayol: el sentido martirial y la austeridad de la vida sacerdotal. Josep Pont i Gol: el amor incondicional a la Iglesia y al país. Anton Roquer: la palabra cálida y siempre comprensible. Josep M. Segura: la veneración de los pobres y de las personas discapacitadas. Antoni Deig: la transparencia y sentimiento de patria. Xavier Fort: la escucha de todas las personas y el consuelo generoso de la presencia. Joan Aragon`ws: entender la Biblia en la Tierra de Jesús. Jaume Camprodon: la mirada limpia y sencilla en el servicio. Miquel Estradé: la sabiduría que hace feliz y alienta. Philippe Nkiere Kena: la entrega de la vida por fraternidad total con los descartados.
De hecho, también de los otros presbíteros no mencionados podría subrayar enseñanzas igualmente valiosas. Los sacerdotes que tú y yo hemos conocido han sido testigos de Jesús, con sus limitaciones y hasta miserias humanas. Todos han sido «sembradores de esperanza», ángeles, enviados de Dios en nuestra vida.
Josep Bofarull, pbro.
Artículo publicado en el Full dominical del 6 de abril de 2025 (n. 3917)








