Las personas humanas estamos hechas para compartir y vivir nuestra vida, en diferentes grados y maneras, con los demás. Es en la convivencia con los demás que nos vamos conociendo y aprendiendo a vivir en sociedad.

Si bien la familia es la primera realidad en la que aprendemos a vivir comunitariamente, vivimos en un mundo globalizado y enredado virtualmente que da una falsa imagen comunitaria, cuando en realidad muchas personas viven solas y aisladas. El acceso a las redes sociales ya los contenidos de Internet, que muchos niños tienen ya desde muy pronto, dificulta y entorpece su formación social y comunitaria. Por eso la parroquia, con la educación en la fe y en el ocio, puede realizar una tarea socializadora y formativa de la personalidad de los niños en su dimensión comunitaria que más tarde será la base para actuar responsablemente ante las personas y los bienes de nuestra sociedad.

Los esplais nacen en las parroquias con la necesidad de dar, además de una formación catequética en la fe cristiana, un espacio de ocio adaptado a las edades de los niños donde estos aprenden, jugando, habilidades y recursos relacionales que los van configurando en la vida comunitaria, que es un rasgo identitario y fundamental de la fe cristiana. Así la parroquia se convierte en la otra familia que continúa y actualiza la formación comunitaria de la primera familia fundada en el amor parental, ahora en el amor fraternal al estilo de Jesús, para la transformación de este mundo en el reino de Dios. No en vano Jesús se rodeó de la comunidad de los discípulos para la predicación y no en vano nos dejó después de su muerte a la Iglesia, la comunidad de la familia de hijos e hijas de Dios.

Es en este marco que los esplais pueden ayudar a formar a personas abiertas a la dimensión trascendente, como realidad y experiencia fundamental que va más allá de toda expectativa meramente humana. Los esplais no pueden quedarse sólo con la dimensión lúdica del ocio trabajando valores humanos de inspiración cristiana, sino que deben ofrecer y educar en la opción cristiana de la vida, que posibilite el descubrimiento y el seguimiento de la persona de Jesús y de su mensaje. Jesús da el sentido último del hombre, de la vida, de la historia y del mundo. Conocer a Jesús y sentir las ganas de imitarle es lo que puede empujar a un niño o joven a ser una persona comprometida, sirviendo y dándose a los demás, participando activamente en la construcción de un mundo más justo y solidario, respetuoso con las personas, su entorno y la naturaleza.

La pastoral en los esplais es una pastoral de frontera, cada día más dificultosa, porque toca trabajar la dimensión trascendente en una sociedad cada vez más líquida, donde la inmediatez en lo concreto para satisfacer los deseos individuales va por delante del servicio y el voluntariado. Esto hace muy difícil presentar y desvelar el interés por Jesús, y más cuando en su entorno más familiar no está presente. Además, la diversidad cultural y religiosa presentes en los esplais aún lo dificulta más. Es necesario un acompañamiento personal y un estar presente para no perder la identidad y poder seguir presentando la opción por Jesús.
.

Mn. Josep M. Calderó, consiliario de la Fundació Santa Maria de Siurana
Artículo publicado en el Full dominical del 18 de agosto de 2024 (n. 3884)