La Fundación Pontíficia Ayuda a la Iglesia Necesitada ha publicado recientemente el Informe de la libertad religiosa en el mundo, un documento que analiza el cumplimiento de este derecho humano fundamental en todos los países del planeta, con el objetivo de concienciar y defender la libertad religiosa para todos los credos.
El franciscano P. Fadi Azar lleva diez años en Siria, actualmente como párroco de la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de Lattakia. Este país sufre una situación de discriminación hacia las minorías religiosas, especialmente los cristianos, que representan a un 2,3% de la población. Hoy conversamos con fray Fadi para conocer, de primera mano, cuál es la situación que vive la comunidad cristiana siriana.
—¿Cómo describiría su experiencia personal al llegar a Siria en medio de la guerra civil?
Recuerdo muy bien cuando el cardenal Pizzaballa, custodio de Tierra Santa y ahora también patriarca latino de Jerusalén, me pidió que acudiera sólo durante tres meses a Siria, concretamente a Damasco, para sustituir a un fraile que había tomado daño. Fue en el mismo momento que uno de nuestros frailes estaba secuestrado por el Estado Islámico. No fue fácil para mí y tampoco para mis padres. Mi madre me dijo: «Yo te entregué a Nuestra Señora desde tu nacimiento, y ella te protegerá.» En esto tengo mucha fe, que María, mi madre espiritual, me ha protegido durante todos estos años.
—Usted está en Siria desde el año 2015. ¿Ha sentido miedo en algún momento?
Sí, una de las veces fue cuando Israel bombardeó el puerto de Lattakia. También, recientemente, el pasado 6 de octubre, hubo una guerra entre los soldados del actual presidente sirio, Ahmed al-Charaa, y los kurdos en Alepo. El conflicto duró toda una mañana entera. Yo tuve mucho miedo por los niños que teníamos en la escuela, donde también tenemos hospital. Tenía miedo por sus vidas.
—¿Cómo ser cristiano en Siria con este contexto?
Se carga con la cruz todos los días. No es fácil vivir con miedo, con un futuro inestable. Es una lucha, de verdad. Nosotros trabajamos mucho con nuestros niños, preparamos la catequesis, pero llega un momento en que los jóvenes, antes o después de completar sus estudios, deciden marcharse fuera para tener una vida mejor. Imagínense, un médico en Siria puede cobrar entre 30 y 50 euros al mes, mientras que en Alemania puede cobrar más de 3.000.
—¿Qué retos plantea actualmente su misión en Siria?
Nos encontramos con un movimiento islámico fanático que está poniendo carteles por todas partes, también alrededor de nuestras parroquias, diciendo que los cristianos deben convertirse en musulmanes o que las mujeres deben vestir burka. Esta realidad es una amenaza para los cristianos pero también para los musulmanes moderados o para todos los grupos minoritarios. Cabe pensar que, antes de la guerra, en Siria había un millón trescientos mil cristianos, y ahora somos aproximadamente trescientos cincuenta mil. En la ciudad de Alepo, por ejemplo, antes de la guerra había cuatrocientos mil cristianos, y ahora sólo veintiún mil.
—¿Y qué medidas se toman para proteger a las comunidades cristianas?
Nosotros, cuando ocurre algún hecho, contactamos con la policía, pero el gobierno se justifica diciendo que son casos aislados. De hecho, con el nuevo gobierno sirio, muchos cristianos sencillamente quieren irse porque tienen miedo por la falta de seguridad. Hay muchos secuestros. Hace pocas semanas, una persona de mi parroquia fue secuestrada durante cuatro días. Su familia pagó el rescate que pedían los secuestradores, y cuando regresó estaba herido y me dijo que quería venderlo todo y marcharse del país.
—¿Qué mensaje quiere transmitir a los cristianos de otros países?
Quiero pedirles que recen por nosotros, que no se olviden de nosotros. Somos cristianos, somos las piedras vivas de Tierra Santa. Hay que exigir a la política internacional, a la Unión Europea, que haga presión para detener la violencia y la guerra en Siria. La gente está muy cansada, los cristianos queremos un futuro mejor en Siria, nuestra tierra, donde nació el cristianismo. Nosotros guardamos la tradición de las primeras comunidades cristianas que nacieron en esta tierra, tenemos una fe fuerte.
—¿Cómo podemos ayudar a las comunidades cristianas perseguidas?
Puede ayudarse a través de donativos, de la oración. Hay muchos cristianos de Europa que no saben que existen cristianos árabes, que no saben que hay cristianos que sufren, que desconocen la situación real y es muy importante que conozcan la realidad de Tierra Santa. Hay que orar para que estas tierras puedan llegar a una verdadera paz justa. Los cristianos de Oriente Medio debemos sentir que no estamos solos, que alguien piensa en nosotros, que alguien ruega por nosotros o nos defiende en los espacios de debate político. Por eso, quisiera dar las gracias a Ayuda a la Iglesia Necesitada y a sus benefactores, que nos ayudan mucho para poder servir en estas tierras perseguidas.
—¿Cree que la gente es suficientemente consciente de que la libertad religiosa es un derecho y no un privilegio?
Lo cierto es que hay muchas violaciones de la libertad religiosa en Siria. Con el gobierno actual la gente tiene mucho miedo, y es muy importante tener la libertad religiosa, la libertad de pensamiento, la libertad de conciencia.
Entrevista publicada en el Full dominical del 23 de noviembre de 2025 (n. 3950)








