A sus 27 años, el cambrilense Cristí Savall dejó su localidad para entrar en la Comunidad de Taizé. Actualmente, con 78 años de edad, lleva treinta viviendo en Senegal. En Bambylor, un municipio de la región de Dakar, está impulsando la creación de una escuela inspirada en la encíclica del papa Francisco Laudato si’. Hoy entrevistamos al hermano Cristí Savall para conocer un poco más sobre la labor misionera que lleva a cabo.
—¿Por qué decidió dejar a Cambrils?
Para mí no era importante dejar a Cambrils, pero sí era importante comprender que el mundo es mayor que Cambrils. Y sobre todo cuando comprendes el Evangelio, que nos dice «ve más lejos, hay uno que te espera». Yo quise profundizar en este aspecto, y al principio me encontré en un barrio de Barcelona, y un día ya estuve en Taizé.
—¿Por qué se sintió llamado a formar parte de la Comunidad de Taizé?
Por la edad que yo tenía, hacía poco que había terminado el Concilio Vaticano II. Me parece que esto es muy importante porque el Concilio nos marcó mucho y, con mis amigos y compañeros buscábamos dónde vivir el espíritu de este Concilio. A nuestro alrededor seguro que ya había curas y grupos que lo ponían en práctica, pero cuando descubrí a Taizé vi que allí ya tenían una experiencia en abrir ventanas, en acercarse a los demás, en ir siempre más lejos.
—¿Cómo era el hermano Roger?
Viví con él durante muchos años. Mucha gente ha dicho que era un hombre de gran carisma, pero yo diría que era un hombre de muchas cualidades: de escucha, de una mirada que te hacía comprender que te apreciaba, que había captado lo que llevabas en tu interior y, al mismo tiempo, un hombre convencido de que la comunidad debía ir en una dirección concreta. Por tanto, yo diría que tenía una ternura y, al mismo tiempo, una firmeza para poder conducir a la comunidad hacia donde él creía que debía ir.
—Después de veinte años en Taizé decidió ir a Senegal. ¿Por qué hizo ese cambio?
Este cambio creo que casi fue natural. Yo llevaba veinte años en Taizé y cuando fui estuvo para quedarme toda la vida, pero siempre había ese llamamiento de ir más lejos, no en la geografía del mundo, sino en el sentido de no contentarse en la pequeña solución que algunas veces encontramos alrededor. Encontramos nuestro nido, nuestra forma de hacer, estamos un poco satisfechos, pero es necesario ir más lejos. Por aquel entonces, yo me ocupaba de la acogida de los españoles y cada jueves los reuníamos y les hacía entender esta idea a partir de las semillas del boj, que saltan de la flor cuando se seca. Unos meses después, un hermano me propuso acompañarle a Dakar y me pareció que yo llevaba dentro esa semilla de ir un poco más lejos.
—¿Y en Senegal encontró la felicidad?
Yo creo que algunos días sudamos, sufrimos, tal vez encontré mi sitio, y el sitio no está hecho tan sólo de felicidad. Si hay una joya, que me parece que sí la tengo, es porque nos atrevemos a atravesar tormentas, a aceptar dolores de cabeza. Yo, por ejemplo, no estoy siempre acompañado por otro hermano de la comunidad, pero nunca estoy solo. Siempre estoy acompañado por jóvenes, por el matrimonio que dirigirá la escuela, etc.
—Explíquenos el proyecto de la escuela que se está construyendo inspirada en la Laudato si’.
La primera razón de llevar a cabo este proyecto es que siempre he estado marcado por la naturaleza, y cuando llegué a Dakar mi primera preocupación fue hacer descubrir a los niños y jóvenes que me rodeaban la belleza de la naturaleza. No la utilidad de las plantas, sino la belleza de la naturaleza y todo lo que podemos descubrir en ella desde esta diversidad. Esto es lo que yo vivía, y cuando el papa Francisco escribió la encíclica Laudato si’ se nos animó a realizar un trabajo para conocerla más. Ahora nos ha parecido que debíamos trabajar en un proyecto de construir una escuela que concebimos como una caja que se abre, y estos muros que se abren hacen propuestas en su entorno. Por eso, mi inquietud actual es la de crear vínculos.
—¿Qué necesitan para salir adelante con esta escuela?
Yo habría podido pedir a la comunidad o a grandes organismos que nos pagaran la escuela, pero no quise. Yo decía que pediríamos a los amigos, a la familia, a mucha gente con la que estábamos en contacto con que pudieran colaborar. Y así lo vamos haciendo y estoy contento porque ha podido participar gente de España, Francia, Alemania.
—La fraternidad es su palabra de cabecera. ¿Por qué?
Si estamos llamados a ir más lejos, no es ir para descubrir paisajes o montañas o ciudades, sino que es ir para comprender culturas o maravillarnos con la cara de una persona, todo para descubrir a Cristo. En nuestro país hay un joven musulmán que ha hecho un camino magnífico. Él venía de un barrio y pasó altibajos terribles, y recientemente dijo a un joven católico, que también vive con nosotros, que si no me hubiera encontrado, ahora estaría muerto o en prisión. Me parece que es importante saber que encontramos vínculos serios de verdad, porque para poder llegar a decir esto es necesario haber aceptado pasar los malos momentos juntos.
Entrevista publicada en el Full dominical del 24 de agosto de 2025 (n. 3937)








