Como cada día 9 de mayo desde hace cerca de 350 años, la Parroquia de Santa Maria de Siurana ha celebrado el Jubileo de la Mare de Déu de Siurana que instituyó el papa Inocencio XI en 1682. Es una celebración que anualmente reúne un gran número de personas de toda la comarca del Priorat y también de otros municipios de comarcas vecinas en torno a esta fiesta mariana y eucarística de gran devoción.
La fiesta del Jubileo, que tiene su origen en las romerías que desde tiempos inmemoriales se han celebrado para orar a Santa Maria de Siurana en épocas de epidemias o sequías, este año ha estado presidida por el arzobispo Joan Planellas y también se han hecho presentes varios presbíteros, entre ellos Mn. Xavier Roig, arcipreste del Baix Camp-Priorat, y otros de las parroquias vecinas.
La jornada empezó con la celebración de la eucaristía, con la iglesia parroquial llena hasta los topes y con el acompañamiento musical del Prades Cor, que interpretó la Misa brevis en fa mayor de Joseph Haydn. Entre las autoridades presentes, la alcaldesa de Cornudella de Montsant, Meritxell Cardona, y varios concejales del municipio; el alcalde de Prades, Llorenç Torruella, y la alcaldesa de la Morera de Montsant, Meritxell Martorell.
Arzobispo Joan: «Mare de Déu de Siurana, danos la lluvia que empapa los campos»
El arzobispo Joan Planellas empezó la homilía recordando los orígenes de esta fiesta del Jubileo, «que tiene plantadas sus raíces en la relación profunda que esta tierra mantiene perpetuamente con sus gentes y en la religiosidad popular de un pueblo mil y pensamiento cristiano, que es quien ha hecho perdurar esta tradición». Así, afirmó que «nosotros que hoy la renovamos, encarnamos el papel de custodios de la transmisión de la tradición, del arraigo humano y de la fe, por lo que hemos acudido a los pies de Santa Maria de Siurana para que haga de mediadora entre nosotros y Dios».
En este sentido, recordó que las fiestas votadas, los jubileos, las romerías o las romerías «han escrito una parte importante de la historia de nuestro país, un país con profundas raíces cristianas, que se ha tejido desde abajo, con éste carácter festivo, popular, religioso, cristiano y marcadamente defensor del territorio». Por este motivo, expresó que celebrar este Jubileo «es una responsabilidad asumida de mantener viva esta antorcha de fe y esperanza».
Por otra parte, Planellas se dirigió a la Virgen María para pedir que el don de la paz «baje, como el rocío, del cielo a nuestros corazones». También pidió a María «la lluvia que empapa la tierra, nuestros campos, lo que somos y lo que hacemos». Finalmente, el Arzobispo invitó a los fieles a ser también «madres de los demás, llevando la fe y la esperanza, el gozo y la paz».
Procesión y bendición de los términos
Una vez finalizada la celebración eucarística, se dio inicio a la típica procesión con el Santísimo Sacramento que, después de recorrer el núcleo de la población, llegó a los escombros del antiguo castillo de Siurana. Desde allí, el arzobispo Joan subió hasta el punto más elevado para bendecir los términos de la comarca del Priorat con el Santísimo Sacramento mientras el Prades Cor interpretaba el Tantum ergo.
Tras la bendición y la interpretación del motete Sicut Cervus de Palestrina, la procesión regresó a la iglesia parroquial, en medio de cantos eucarísticos. Una vez llegados al templo y hecha la reserva del Santísimo Sacramento, los sacerdotes y el pueblo fiel subieron al camarín del retablo del altar mayor para venerar a la Mare de Déu de Siurana, cantando sus gozos.








