Unos sesenta personas en representación de la docena de entidades sociales que actualmente desarrollan su labor en el Arzobispado de Tarragona participaron, el pasado sábado día 18 de noviembre, en el segundo encuentro diocesano organizado por la Delegación diocesana para la pastoral social.
El acto, que tuvo lugar en el Palacio arzobispal, comenzó con unas palabras de Montserrat Esporrín, delegada diocesana para la pastoral social, que invitó a «crear sinergias entre las entidades sociales diocesanas para sacar adelante nuestras tareas en una sociedad que se presenta cada vez más difícil y complicada». Ante esta realidad, aseguró que «no debemos ser pesimistas, pero sí tenemos que ver las distintas realidades que se nos presentan a diario».
Esporrín calificó el encuentro como una oportunidad que puede «ayudar a crear una pastoral más fuerte, dinámica y, sobre todo, más práctica». Así, agradeció la participación de todas las entidades sociales en la edición temática de la revista Església de Tarragona sobre la pastoral en las fronteras del cuarto mundo. Y, finalmente, alentó «su servicio de amor hacia los más vulnerables de nuestra archidiócesis».
Conferencia “Los últimos”
A continuación, y después de unos momentos de oración dirigidos por Mn. Jordi Vila, consiliario de esta Delegación, tuvo lugar la ponencia central de esta jornada, que, titulada “Los últimos”, corrió a cargo de dos voluntarias de la prisión de Lledoners: la Hna. Regina Goberna, religiosa de la comunidad benedictina de Montserrat, y Concepció Serra, psicóloga clínica.
Durante la conferencia, la Hna. Regina expuso la vertiente más espiritual del servicio que desarrolla en prisión. En este sentido, recordó que «Jesús es siempre el último, porque sirve y da la vida, y nosotros, cuando servimos, recibimos la gloria de los hombres y la de Dios, puesto que la gloria está siempre en el servicio y no en el poder».
La religiosa expuso que, como servidores, «no podemos relacionarnos con los demás desde arriba, porque los hacemos pequeños; ni desde abajo, porque todos tenemos la misma dignidad, sino que tenemos que relacionarnos de lado, siendo todos iguales y últimos». Además, expresó que hay que partir «de la vocación de descubrir nuestra forma de amar y servir y con ello ir a Dios porque cada uno es único y tiene una manera de amar y servir única».
Por su parte, la psicóloga clínica y especialista en duelo y pérdidas Concepció Serra expuso su testimonio como voluntaria en la cárcel de Lledoners a partir de algunos casos concretos. Entre otros, expuso el servicio por el que inició su voluntariado: un interno que había comenzado estudios de psicología y ciencias religiosas y quería un acompañamiento psicológico y espiritual.
Como punto de partida, Serra indicó que toda relación que se establece debe tener «un vínculo de seguridad, en el que la otra persona debe sentir que no le vas a hacer daño y que es importante». En el caso de ese interno que debía acompañar, explicó que quiso hacerle saber «la causa por la que estaba en prisión, para que la relación entre ambos fuera de transparencia y de confianza».
La ponente aseguró que la situación le causó un conflicto interno, pero que hay que «intentar que el delito del interno no nos atrape porque sino no podemos ayudarle y sentirá que lo estamos juzgando». En el transcurso del acompañamiento, explicó, «es importante ir a su paso, escucharle y no interrumpirle, dejar que pueda explicar todo lo que tenga que decir, sin juzgar, ni criticar, ni dar consejos demasiado de prisa, sino que la persona pueda hacer el recorrido y, tal vez, encontrar respuestas por sí mismo».
Por último, Concepció Serra reconoció que «en el fondo de cada persona, por mucho que haya hecho, siempre queda un espacio que es un terreno sagrado y lo encuentras, aunque sea pequeño». Así, expresó que recibe «mucho agradecimiento a la cárcel y que está siendo una escuela de vida, porque descubres que detrás del delito hay una persona con sus emociones o frustraciones, que es una persona como nosotros, y se te caen los prejuicios».
Arzobispo Juan: «Cristo está en el pobre y debemos imitarle»
A partir de aquí se hizo un rato de coloquio entre los participantes en el encuentro. Y, como clausura del acto, el arzobispo Joan Planellas dirigió unas palabras de agradecimiento «al equipo de la Delegación diocesana para la pastoral social por estos encuentros y por el trabajo que está realizando con las entidades sociales, ayudándolas, aglutinándolas y, en definitiva, haciendo Iglesia diocesana».
También agradeció la ponencia de la Hna. Regina y Concepció: «Lo importante es el testimonio, detrás del cual ves una vida cristiana auténtica y debemos trabajar hacia aquí, éste es nuestro objetivo como Iglesia.»
Por otra parte, Planellas también aprovechó este encuentro con las entidades sociales para presentarles su última exhortación pastoral, Fuisteis hijos, sed también madres, un documento donde invita a «volver a la primitiva Iglesia, al Evangelio de Jesús y a la vida de los primeros cristianos» y a fijarnos en «el concepto de maternidad eclesial, que hacía referencia a una Iglesia fraternal que era madre y que ayudaba unos a otros a salir adelante».
Haciendo referencia a la segunda parte de esta exhortación, en la que aplica el concepto de maternidad eclesial a las prioridades pastorales establecidas por el Consejo Pastoral Diocesano, se centró en el ámbito de la caridad, recordando que Cristo está en el pobre y que debemos imitarlo». Así, expuso el deseo de que «todas las entidades sociales de la archidiócesis hacemos un trabajo común y nos vayamos sintiendo el hogar de la fraternidad cristiana». Por último, el Arzobispo expresó también la voluntad de hacer resurgir a dos secretariados diocesanos: «El de ecología y justicia social y el de migraciones».
Al final del encuentro, los asistentes pudieron visitar una pequeña exposición que recogía la labor que desarrolla cada una de las entidades sociales de la archidiócesis de Tarragona.








