Este pasado verano el papa Francisco nos ha sorprendido con una breve Carta (44 números) sobre el sitio de la lectura de literatura en la formación y en la maduración humana (17 de julio de 2024).

Muchos experimentamos un alto grado de bienestar en la lectura. Con la predisposición adecuada, a la hora del día más despierta, con el libro en sus manos acariciándolo, bajo una luz suficiente… la lectura atrapa, conmueve, eleva, hace soñar.

Esta carta del Papa subraya muchos aspectos positivos de la lectura. Quisiera fijarme en lo que indica en los números 4-5: la lectura es «un acceso privilegiado al corazón de la cultura humana y más concretamente al corazón del ser humano, a través de la literatura». «La literatura surge de la persona en lo que ésta tiene de más irreductible, en su misterio. Es la vida, que toma conciencia de sí misma cuando alcanza la plenitud de la expresión, apelando a todos los recursos del lenguaje.»

A menudo nos referimos a recoger y discernir el alud de información para saber lo que ocurre en nuestro entorno y en el mundo, información necesaria para tener opinión propia y para guiar nuestro compromiso social.

Pero es aún más importante, y decisivo, conocer a las personas. El conocimiento es necesario para comprenderlas, acogerlas, quererlas y construir con ellas un mundo mejor. Necesitamos una actitud abierta y receptiva, positiva y confiada en todas las múltiples relaciones que establecemos.

Insisto en la aportación amplia y calificada que nos ofrece la lectura de buena literatura, la de siempre y, en particular, la actual. Las pasiones, los deseos, los instintos, las dudas, los anhelos… más o menos siempre son los mismos. Pero en nuestra época se expresan en nuevas modalidades, con un vocabulario diferente, en situaciones sociales condicionantes.

La novela, el ensayo, el dietario, la poesía, la biografía, el reportaje nos ofrecen un conocimiento profundo del hombre y de la mujer de hoy y de aquí. Los dramas y las aspiraciones expresadas en narraciones cautivadoras nos revelan el alma humana. Los personajes, que son la esencia de una historia, nos describen los errores y los miedos que todos sentimos, y también cómo afrontarlos o, al menos, cómo soportarlos.

El papa Francisco, todavía, destaca una importante contribución de la lectura de literatura a la evangelización. En la carta escribe: «Esta es la cuestión: la labor de los creyentes, y en particular de los sacerdotes, es precisamente ‘tocar’ el corazón del ser humano contemporáneo para que se conmueva y se abra ante el anuncio del Señor Jesús y, en ese esfuerzo, la contribución que la literatura y la poesía pueden ofrecer es de un valor inigualable» (n. 21). «Leyendo un texto literario, situamos en la condición de mirar también por medio de otros ojos» (n. 34). La literatura puede desarrollar «una gran apertura espiritual para escuchar la Voz a través de muchas voces» (n. 42).

No guardo casi ninguna de las muchas novelas que he leído. De las pocas que conservo destaco una por encima de todas: El Cristo de nuevo crucificado, de Nikos Kazantzaki: la pasión y muerte del Señor en el drama humano.

Josep Bofarull, pbro.
Artículo publicado en el Full dominical del 6 de octubre de 2024 (n. 3891)