El pasado mes de junio, la archidiócesis de Tarragona celebró una jornada de formación y reflexión sobre el Primer Anuncio titulada «Una ventolera impetuosa». Entre los ponentes que participaron estaba Mn. José Antonio Cano, presbítero murciano que actualmente es consiliario del Equipo Nacional de la Acción Católica General y miembro de la Comisión de Primer Anuncio de la Conferencia Episcopal Española.
Hoy conversamos con él para conocer más sobre el Primer Anuncio, un camino que debe ayudar a las parroquias y unidades pastorales a llevar a cabo la conversión pastoral de nuestras comunidades para hacerlas más evangelizadoras.
—¿Por qué es importante el Primer Anuncio?
Nos encontramos en un momento en el que necesitamos realizar una auténtica renovación de nuestras parroquias para hacer posible la conversión pastoral que necesitamos. Y, por eso, es necesario y fundamental poner en el centro el Primer Anuncio. Se trata del fundamento de nuestra fe, el kerigma. Es anunciar el amor de Dios, anunciar que Jesucristo ha muerto y ha resucitado por todos nosotros, que nos ama con locura, que nuestra vida tiene sentido, que él nos ama y quiere vivos. Es poner en el centro ese amor de Dios manifestado en Jesucristo, que sigue actuando y que sigue vivo entre nosotros.
—¿Se habla más ahora que hace un tiempo del Primer Anuncio?
Sin duda, ahora se habla muchísimo más. Quizás porque estamos en un momento en que es clave. Es verdad que venimos de una época de cristiandad en la que, supuestamente, todo el mundo era cristiano porque en la familia se vivía la fe, en la Iglesia se alimentaba y fortalecía esta fe, y en el ambiente y en la calle se celebraban las fiestas, todo respiraba ese aire cristiano. Sin embargo, este momento ya ha pasado y hoy no todo el mundo conoce a Jesucristo. En muchos casos se ha oído hablar de Jesucristo, pero tener esa experiencia del encuentro con él que haya cambiado el corazón, que haya cambiado la vida, ahora mismo esto no está siendo una realidad. Por eso es urgente volver a aquel Primer Anuncio y presentar a Jesucristo a la gente de hoy como respuesta, como vida y como salvación.
—¿Existe un interés para que las parroquias den un giro en la misión pastoral?
Por una parte es verdad que hay una intención de que esto sea así, porque estamos descubriendo que la forma de trabajar que hemos tenido hasta ahora ya no responde al momento actual. En un momento concreto, los patrones de cristiandad que estamos utilizando ahora ya no responden a la actualidad. Y esto está provocando, por un lado, desilusión y decepción en algunos casos, y por otro lado interpelación. Las cosas deben ser distintas. Y hay gente que ha puesto mano a la hora de decir que esto no puede seguir así, que debe cambiar y dar un giro, debemos dar respuesta de otra forma. Y creo que en otros casos puede haber cierta resignación, puede parecer que hay gente que está gestionando la decadencia, está viendo cómo esto muere, pero allí se está. Me encuentro con las dos realidades, pero lo cierto es que debemos contagiar esta necesidad por el cambio, para actualizar de nuevo el Evangelio en el momento en que vivimos.
—Hablemos de misión y de valor. ¿Debemos tenerlo claro?
La Iglesia existe para evangelizar. Ésta es la razón de ser de la Iglesia, no hay otra. Por tanto, hemos recibido el envío misionero. Hacer discípulos es el último gran mandamiento de Jesús. Hacer discípulos, bautizar y enseñar. Y en cada época se han ido utilizando los medios al alcance del momento. Pienso un poco en Pablo, cuando trataba con los judíos, con los griegos, en el tipo de lenguaje, en la forma de hacerlo. Es distinto. Yo creo que hoy también existen estudios hechos que nos pueden facilitar cómo llevar a cabo esta evangelización. Y no debemos tener miedo en absoluto, al igual que tenemos la psicología, que nos ayuda en ciertas dimensiones sin sustituir el acompañamiento espiritual, sino que lo enriquece sobre todo en la forma y en los modos. De la misma manera tenemos estudios realizados a nivel de empresa o sociológico que nos pueden dar luz a la hora de llevar a cabo esta tarea, porque no es lo mismo anunciar a Jesucristo hoy que hace cincuenta o trescientos años. Por tanto, debemos ser responsables y responder al momento con los medios del momento.
—Cada vez tenemos más bautizos de personas adultas. ¿Deberíamos pensar más en la catequesis para los adultos?
El Directorio para la catequesis nos dice que la catequesis de adultos es el paradigma de toda catequesis. Debe ser el referente. Nosotros, en el modelo de cristiandad, nos hemos esforzado mucho en la catequesis de niños y hemos descuidado totalmente a los adultos. Esto es un modelo típico de la cristiandad porque todos éramos cristianos, ya los niños se les enseñaba un poco la doctrina y poco más. No debemos perder de vista que Jesús evangeliza a los adultos y bendice a los niños. Nosotros, muchas veces, nos hemos empeñado en evangelizar a los niños y bendecir a los adultos. Francamente, hemos fracasado en esto. Creo que es necesario que todas las parroquias tengan procesos serios de catequesis para adultos. Es clave y fundamental para iniciar a quienes no son cristianos y también para ayudar a los cristianos que en su momento no hicieron este itinerario y quizás necesitan actualizarse, volver al primer amor, vivir con aquella intensidad su ser discípulos.
—¿La formación de los catequistas también debe tener un papel destacado?
Es esencial porque supone un cambio de mentalidad. Yo estoy trabajando mucho en la formación de acompañantes para poder realizar acompañamiento personal y comunitario. El catequista tiene la tarea de hacer resonar la fe en esa persona o en ese grupo y de acompañar personal y comunitariamente. Ya no tenemos suficiente con la buena voluntad o con una cierta disposición que en otros tiempos alguien tenía para hacer catequesis a los niños. Es necesaria una formación teológica, espiritual y psicológica adecuadas. No se trata de que el catequista tenga que ser teólogo o psicólogo, pero sí que debe tener los conceptos clave y, sobre todo, debe realizar un cambio de mentalidad y un cambio del corazón, porque estamos en otro momento y la persona que llega a nosotros es otra.
—¿Cuál es, pues, la actitud que debe tener el catequista?
Es fundamental que sea una persona que tiene experiencia en el encuentro con Jesucristo. Esto es muy importante, porque quien se ha encontrado con Jesús y siente que está afectando a su vida, esta persona le anuncia de manera natural. Cuando a alguien le ha impactado algo, una película, un libro, una comida, no necesita que nadie le diga que lo comparta o que lo anuncie; sino que le sale de manera espontánea y lo anuncia una y otra vez. Por tanto, un catequista debe tener la experiencia de haberse encontrado con el Señor. En segundo lugar, debe tener conciencia de que lo que hace lo hace en nombre de la Iglesia, no en su nombre. Por tanto, no va por libre, sino que también necesita una comunidad donde crecer y madurar. Este acompañante, ese catequista también debe ser acompañado. Debe estar atento a la formación, tener una vida de espiritualidad, tener también cierta capacidad de empatía, de acogida, de escucha, para poder acompañar al otro.
—¿Cómo valora catequesis alternativas o modelos de impacto, como los retiros de Emaús?
Creo que cualquier método de Primer Anuncio puede servir para tocar el corazón, pero no debemos perder de vista que métodos como los retiros de Emaús, los Cuatro40, los cursos Alpha o los cursillos de cristiandad, son momentos de impacto que comienzan y terminan. Pero la comunidad debe tener un proceso, un itinerario de estimulación e iniciación cristiana en clave catecumenal para poder acompañar a las personas que han participado en estas experiencias. Primer Anuncio, sí, pero sin proceso, no. Es muy importante despertar la fe, pero después es necesario realizar el proceso acompañado. Y debemos tener muy claro que, sea cual sea el método que se utiliza, la conversión debe estar en Jesucristo, no en el método.
Entrevista publicada en el Full dominical del 31 de agosto de 2025 (n. 3938)








