Cada vez existen más personas conectadas pero menos comunicadas. Hay más jóvenes con problemas de relación, problemas psicológicos. Cada vez hay más personas que necesitan ser escuchadas. Para profundizar más en este tema, hoy conversamos con Mn. Lluís Simón, misionero de la misericordia y capellán de la iglesia de Sant Antoni de Pàdua de Tarragona, donde ofrece un servicio de acompañamiento espiritual.
—¿Qué necesitan las personas?
En nuestro mundo de hoy, en el que todo va muy deprisa, con un ritmo vertiginoso, cada vez más se percibe la necesidad profunda que tienen las personas de encontrar espacios donde puedan ser escuchadas, donde puedan compartir lo que están viviendo, donde puedan encontrar un sentido. En definitiva, se percibe la necesidad profunda de escucha y poder compartir, porque es cierto que todo ese ritmo, este mundo en el que cada vez hay más aislamiento y más incomunicación, genera mucha angustia, genera situaciones muy delicadas y las personas necesitan ser escuchadas y poder encontrar un sentido a lo que están viviendo y que muchas veces cuesta entender.
—Cada vez hay más jóvenes que, quizás sin ser creyentes, necesitan este acompañamiento.
Nuestros jóvenes de hoy están abocados a un mundo en el que necesitan encontrar un sentido y no acaban de encontrarlo, y cada vez más —esta es mi percepción— hay muchos jóvenes que realmente caen en depresiones, con niveles de ansiedad, de angustia, porque al mundo en el que viven les resulta difícil encontrar unos valores que les ayuden, encontrar esta cerca. Y la verdad es que sí, la percepción que tengo cada vez más fuerte es que hay muchos jóvenes que tienen una necesidad de encontrar referentes, de encontrar espacios de escucha que les ayuden a encontrar un sentido a lo que están viviendo.
—¿La dimensión espiritual ayuda a encontrar este sentido?
Yo diría que ésta es la gran tarea. En nuestro mundo, uno de los mensajes que en general se ofrece más es el de vive, ve pasando días, disfruta, pásalo bien, pero no te plantees demasiado el sentido de las cosas. Y precisamente la dimensión del acompañamiento espiritual busca dar un sentido a lo que estás viviendo. Evidentemente, el ser espiritual y desde la dimensión cristiana intentamos darle ese sentido. El gran drama de hoy es que cada vez hay más medios técnicos, tecnológicos, pero mayor dificultad en encontrar un sentido, una respuesta al sentido de todo lo que estamos viviendo.
—¿Qué piden las personas que buscan acompañamiento?
Hay una parte de acompañamiento espiritual, es decir, personas que sin unas necesidades especialmente problemáticas buscan un acompañamiento por el proceso de la vida cristiana, que es una de las grandes carencias que a veces hemos tenido. El cristiano de hoy, para profundizar y vivir la fe, necesita un acompañamiento espiritual de base para poder compartir, confrontar y entender en el camino de la vida cristiana. Por otra parte, nuestra sociedad genera muchas situaciones, ya sean a nivel económico, social, de familias desestructuradas, que provocan a personas que están solas, que sufren la soledad, la tristeza, trastornos mentales… En ellas descubres que necesitan todo un proceso de sanación de muchas heridas de su historia. También existe todo el ámbito del acompañamiento en los hospitales, en las residencias, en el proceso de morir, en el duelo de personas que han perdido seres queridos.
—En estos procesos de acompañamiento tiene personas creyentes, pero también no creyentes.
Existen distintos perfiles. A veces, son personas que entran en la iglesia con una necesidad de encontrar un espacio de oración, de silencio. Otros entran no tanto como creyentes o no creyentes, sino que vienen con un batiburrillo muy grande en la cabeza en la que simplemente tienen la necesidad de ser escuchadas. Y muchas veces también a través de otras personas, quizás algún familiar o amigo, que les recomienda poder hablar, tener un acompañamiento en un espacio para poder ser escuchado, acogido y acompañado. El trato de acogimiento, respeto, es el mismo para todos. Por tanto, hay un respeto escrupuloso a la vivencia que cada uno pueda tener, de modo que si aquella persona en ese momento de su vida no está abierta a esta dimensión de fe, intentas adaptarte y que pueda sentirse reconocida, valorada, acogida. También es cierto que, como sacerdote, tengo la convicción profunda de la enorme riqueza de la dimensión espiritual, que puede hacer descubrir que realmente, en el mundo de hoy, a veces la dimensión psicológica no es suficiente. Ésta es mi propia experiencia personal, de la luz y el consuelo que da la vivencia profunda de Dios. Así, desde esta profunda convicción, en el diálogo íntimo, personal y de confianza, en la medida en que la persona esté mínimamente abierta, intentamos hacer este camino juntos en el que, a veces, la persona se abre a la dimensión espiritual profunda que le permite una curación profunda de alguna herida que con el trabajo psicológico no había podido curar.
Entrevista publicada en el Full dominical del 29 de junio de 2025 (n. 3929)








