La archidiócesis de Tarragona cuenta, desde este domingo día 1 de junio, con un nuevo presbítero, Mn. Miquel Barcos Ripollès. La celebración de ordenación tuvo lugar en la iglesia parroquial de la Transfiguració del Senyor de Vimbodí i Poblet, que acogía por primera vez una ordenación presbiteral, y fue presidida por el arzobispo Joan Planellas.
La eucaristía fue concelebrada por un gran número de presbíteros diocesanos, entre ellos el provicario general para la pastoral, Mn. Joan Àguila; el rector del Seminario de Tarragona, Mn. Víctor Mosquera; el delegado diocesano para las vocaciones, Mn. Robert Otaba, o el párroco de esta Parroquia, Mn. Antonio Rosario. La celebración contó con una gran asistencia de feligreses de las parroquias de la Unidad pastoral de la Espluga de Francolí y familiares del ordenando, así como de representantes de los ayuntamientos de los municipios de las parroquias de esta UPA.
Los cantos de la celebración fueron sostenidos por la Coral Veu de la Terra de Vimbodí i Poblet y el Cor Parroquial de l’Espluga de Francolí.
Arzobispo Joan: «En el sacramento de la orden se entra por la puerta del servicio y éste se queda siempre con nosotros»
Tras la proclamación de la Palabra de Dios empezó la liturgia de ordenación con la presentación y la elección del candidato al Sr. Arzobispo. A continuación, el Dr. Planellas pronunció la homilía, en la que aseguró que «una ordenación es siempre un momento fuerte para la Iglesia, un momento de alegría y de una elevada profundidad mistérica eclesial».
El Sr. Arzobispo, dirigiéndose al ordenando, le dijo que «el Señor te pide que seas modelo de cura, como lo intentan ser los hermanos presbíteros que hoy te acompañan, o el propio obispo». «Para las comunidades que se te encomienden, para gloria de Dios y en la persona del mismo Cristo, consagrarás el pan y el vino y harás presente el mayor misterio. Tus manos serán las del Señor Jesús», indicó.
También invitó a la comunidad «a rezar para que muchos más sientan la llamada al ministerio ordenado». En este sentido, explicó que «cuyo sacerdocio común participamos todos por la gracia del bautismo nos injerta a Cristo y nos pide una vocación clara». En el caso del ministerio ordenado, señaló, «es insustituible en su representación sacramental de Cristo en la Palabra, en la celebración de la fe y en la dirección de la comunidad».
Por último, recordó a Mn. Miquel que «su vida como presbítero no debe ser una vida de evasión del mundo o contra el mundo, sino de una serena encarnación en la historia, para hacer vivir en todos aquellos con los que te encontrarás, su relación con Dios». «Ahora ejercerás el sacerdocio en la persona de Cristo, y lo harás sin renunciar al servicio, no en vano al sacramento del orden se entra por la puerta del servicio y éste se queda con nosotros siempre.»
Rito de la ordenación
Al terminar la homilía, tuvo lugar el rito propiamente de la ordenación presbiteral. En primer lugar, Mn. Miquel manifestó su voluntad de aceptar el ministerio con las promesas para el presbiterado ante el Sr. Arzobispo. Seguidamente, el candidato se prosternó en el suelo, frente al altar, mientras se cantaban las letanías pidiendo la bendición de Dios para el nuevo presbítero.
La imposición de manos por parte del arzobispo Joan y de los presbíteros precedió a la oración de ordenación. El ritual siguió con la imposición de las vestiduras, con la estola a la manera presbiteral y la casulla, la unción de las manos con el santo crisma, la entrega de las ofrendas para la celebración eucarística y, finalmente, el beso de paz con el Sr. Arzobispo y los presbíteros.
Mn. Miquel Barcos: «La iniciativa siempre ha sido del Señor, que me ha abierto caminos»
La celebración continuó con la liturgia eucarística, en la que Mn. Barcos concelebró por primera vez. Al final de la misa, el nuevo presbítero tomó la palabra para dar gracias a Dios porque «en este itinerario de fe, me doy cuenta de que la iniciativa siempre ha sido del Señor, que me ha abierto caminos y ha puesto ante mí a aquellas personas y comunidades sin las que seguiría caminando a oscuras».
También dio las gracias a sus padres, Miquel y Rosario, «que con coraje y cariño han sabido transmitir a sus hijos el don de la fe por medio de su ejemplo y de su amor», ya todos los que le han acompañado a lo largo de su vida.
Por último, aseguró que hay que poner «en el centro al Señor, que es la luz de la vida y el protagonista de nuestra historia», y encomendó «nuestros anhelos a la Mare de Déu dels Torrents, copatrona de la villa de Vimbodí».








