El arte religioso, en nuestra diócesis, no se limita a los ámbitos eclesiásticos. Un ejemplo lo tenemos en la escuela Prat de la Riba de Reus, edificio modernista decorado por paneles cerámicos, algunos de los cuales representan escenas de la infancia de Jesús. Esta escuela fue proyectada por el arquitecto Pere Caselles i Tarrats en 1911 y fue inaugurada en 1917. En una de las fachadas que da al paseo Sunyer dos paneles cerámicos de color azul Manises sobre blanco representan la Anunciación del arcángel Gabriel a María y el Nacimiento del Mesías. Son representaciones modernistas en tránsito hacia el noucentisme, dibujadas por Francesc Labarta i Planas (1883-1963). Este artista, colaboró con Lluís Domènech i Montaner en la decoración del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona. También en diferentes semanarios, como Papitu, L’Esquella de la Torratxa y Cuca Fera.
El panel con el tema de la Natividad de Jesús está enmarcado por una orla de acanto y por la profusión de motivos vegetales en la parte superior e inferior. Dos candelabros vegetales flanquean los montantes de la escena al modo de elementos sujetadores que soportan un arquitrabe sobre el que se inscribe: «Hallaréis al niño envuelto en pañales» (Lc 2, 12). En la parte inferior de la escena aparecen cuatro ángeles o amorcillos, dos tocando la tuba romana y los demás sosteniendo el escudo de Tarragona. El punto focal de la composición lo ocupa el Niño Jesús en el comedero con María, arrodillada mientras lo cubre con las sábanas. José, en un plano superior junto a María, en actitud de oración, contempla devotamente a Jesús. Al otro lado, dos pastores adoran al Niño. En el fondo de la composición, el buey y la mula, y en la parte superior, la estrella entre dos ángeles glorificando a Dios.
Con el nacimiento de Cristo se han cumplido las promesas de Dios en su pueblo. La Encarnación sólo tiene sentido por la pasión y resurrección de Jesucristo, que es Redención para la humanidad. Ahora, toda la vida de la persona toma razón de ser e inteligibilidad. Cristo ruda y muestra el camino que debe recorrerse para llegar definitivamente al reino de Dios. Cristo, que es camino, verdad y vida, es también maestro de toda alma enamorada de Dios. Así da su primera lección en el pesebre. Se muestra con total humildad pese a tener el poder absoluto sobre la realidad. Primero, haciéndose visible a las personas humildes y despreciadas (pastores), después, a los sabios extranjeros (magos). El amor de Dios no conoce límites. Éste es para los humildes y para los sabios, para Israel y para todos los pueblos de la Tierra. Sólo prostrando con humildad ante Cristo y los hermanos ya través del verdadero conocimiento el creyente puede llegar a Dios. En una fría establecía, los animales calentaron al Niño Jesús. La presencia del toro y la mula en los relatos apócrifos y en la más antigua iconografía cristiana nos recuerda que estas criaturas prefiguran la humanidad desprovista de entendimiento, pero que ante la sencillez de la Epifanía adquiere el verdadero conocimiento: «Un toro conoce el su propietario, y un asno, el establo de su amo, pero a mí, Israel no me conoce, mi pueblo me ignora» (Is 1,3).
Andreu Muñoz Melgar, director del Museu Diocesà de Tarragona
Artículo publicado en el Full dominical del 22 de diciembre de 2024 (n. 3902)









