Me han invitado al Recital fin de grado del estudiante de violín Martina F.C. Ha sido un gozo escuchar las cuatro piezas musicales que ha interpretado, magistralmente, en la Escola Conservatori de Tarragona. Cuando sientes y ves la agilidad de los dedos y los sonidos vibrantes de las cuerdas se te desvela una fervorosa admiración. Ha podido llegar a esa perfección después de seis cursos esforzados, perseverantes, trabajados. ¡Lo que puede hacer la sensibilidad vocacionada! Y sobre todo el esfuerzo, la constancia, el tiempo dedicado. ¿Cuántas miles de horas de ensayo deben ser necesarias para lograr esta técnica instrumental?

Los hombres y mujeres, todos y todas, somos capaces de grandes cosas. Podemos adquirir admirables metas, cada uno según sus capacidad y calidades, motivándonos interiormente desde la propia vocación. La primera vocación es ser humanos, crecer en libertad, responsabilidad, espíritu de servicio.

El amor sincero y la atracción dulce de una pareja, ¿cuánto tiempo necesita para afianzarse, consolidarse, ser fiel? La educación de un hijo querido, ¿cuánta dedicación de día y de noche, cuánta palabra y presencia, cuánta paciencia y confianza necesita para que éste sea capaz de ejercer su propia libertad? Cualquiera de los oficios, trabajos, profesiones que ejercemos en la sociedad, ¿cuánto aprendizaje tenaz, de estudio concentrado, de larga experiencia necesita para ser competente?

Todos estos esfuerzos son llevaderos y hasta gratificantes si son vocacionales. Si nos conduce el convencimiento de que hacemos sólo lo que nos gusta, sólo lo que nos puede dar un rendimiento satisfactorio a nuestro ego, si seguimos sólo lo que nos fuerzan a ser o hacer lo que otros deciden por nosotros… estamos abocados a un callejón sin salida, a una vida gris que se irá volviendo oscura e insoportable. El camino está abierto y tiene presente y futuro si somos felices interiormente, creciendo en el ser y hacer lo que nuestro corazón y nuestra mente nos indican. Si constatamos que nos hemos equivocado de camino, quizás no podamos rehacerlo del todo, pero sí que siempre se puede enderezar.

Añadimos una dimensión fundamental, pues queremos conducir nuestra vida según los criterios de Jesús y de su evangelio. No somos fruto del azar. No estamos aquí por casualidad. No nos olvidemos nunca de una petición de seguridad y claridad en todas las decisiones. Somos porque Alguien lo ha querido, nos ha amado primero y tiene un proyecto sobre cada uno de nosotros. Buscar este proyecto, y acertar en realizarlo, es la clave de nuestra felicidad y del sentido de nuestra vida.

Conclusión de evidencia: oremos al Dios Padre que nos ayude a descubrir su proyecto de vida sobre nosotros y nos dé el empuje y la constancia de llevarlo a cabo. Esa oración de cada día, necesaria, perseverante, humilde, confiada es la clave. Dile al Señor: «Habla que vuestro siervo os escucha, necesita a vuestro santo Espíritu Defensor e iluminador.»

Josep Bofarull, pbro.
Artículo publicado en el Full dominical del 2 de junio de 2024 (n. 3873)